18 julio 2021

XVI Domingo del Tiempo Ordinario - 18 de julio de 2021

  Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

I.1. El descanso y la atención de Jesús. En la Primera lectura nos dice el Profeta Jeremías: Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas (...) y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen. La profecía hace referencia al cuidado y atención del Mesías con todos los hombres. 

Los Doce (aquí les llama apóstoles) vuelven de su misión, contentos de lo que han dicho y han hecho. Lo que han hecho es liberar a las gentes de sus males, como han visto hacer a Jesús. ¿Qué cosas les preguntaría y les contaría Jesús? ¿Estás cansado? ¿Cuál es el motivo? ¿Cómo organizas tu descanso? ¿Cómo repercute tu cansancio en los demás? ¿Sientes la experiencia del Profeta, que habla de ese pastor cercano que te cuida?

Nuestra vida, que es también servicio a Cristo, a la familia, a la sociedad, está repleta de trabajo y de dedicación a los demás. Por eso no podemos extrañarnos si experimentamos la fatiga y sentimos la necesidad de descansar. En el tiempo libre recuperamos fuerzas para servir mejor y evitamos daños innecesarios a la salud que, entre otras cosas, repercutirían en quienes nos rodean, en la calidad de lo que ofrecemos a Dios y en la propia tarea apostólica: en la atención debida a los hijos, a la mujer, al marido, a los hermanos, a los amigos; afectaría a la dedicación a esa labor de apostolado, a la atención y formación de las personas que quizá el Señor nos ha encomendado. 

El Señor quiere, en lo que depende de nuestra parte, que pongamos los medios para estar en buenas condiciones físicas, pues es mucho lo que espera de todos. «¡Cuánto nos ama Dios, hermanos –exclamaba San Agustín–, pues cuando descansamos nosotros, llega a decir que descansa Él!». Pero hemos de distraernos como buenos cristianos, santificando, en primer lugar, esa pérdida de fuerzas, amando a Dios en la fatiga, aun prolongada, cuando por determinadas circunstancias debamos seguir en la tarea de siempre. Entonces nos consolará, de modo muy particular, acudir al Señor, que en tantas ocasiones terminaba sus jornadas extenuado. Él nos comprende bien. 

I.2. El tiempo de vacaciones no debemos emplearlo en no hacer nada. «Descanso significa represar: acopiar fuerzas, ideales, planes... En pocas palabras: cambiar de ocupación, para volver después al quehacer habitual». Ese tiempo ha de suponer un enriquecimiento interior, consecuencia de haber amado a Dios, de haber cuidado con esmero las normas de piedad, y de haber vivido también la entrega a los demás; deben ser días en los que especialmente procuramos hacer la vida más amable a quienes nos rodean. Su alegría y su felicidad constituirán una buena parte de nuestro descanso. 

Muchos días, quizá en largas temporadas, sentiremos la dureza de no encontrarnos bien y de tener que sacar adelante el negocio, la casa, el estudio... No nos debe desconcertar nuestra situación: es parte de la flaqueza humana y señal muchas veces de que trabajamos con intensidad. «Vienen días –confesaba Santa Teresa con gran sencillez– que sola la palabra me aflige y querría irme del mundo, porque me parece me cansa todo». También esos momentos deben ser para Dios, también en esas situaciones el Señor está muy cerca, y quiere que tomemos las medidas que en cada caso sean oportunas: acudir al médico, si es necesario, y obedecer sus indicaciones; dormir un poco más; dar un paseo o leer un libro sano.... 

 

IIª Lectura: Efesios (2,13-18): El es nuestra paz

II.1. La segunda lectura, de Efesios, nos ofrece también una verdadera teología de la paz. Incluso se hace una de las afirmaciones teológicas más impresionantes del NT: El, es nuestra paz. El primer efecto de la pacificación (aquí entre judíos y paganos), no es primeramente entre ellos mismos, sino de toda la humanidad con Dios (vv. 13-18), como muerte de la enemistad, acercamiento a Dios, reconciliación con El. ¿Por qué? Porque ha hecho de los dos pueblos uno. Se refiere a judíos y paganos que era, entonces, la división abismal e irreconciliable.

II.2. ¿Qué ha hecho Jesucristo para ello? El fruto de la reconciliación es la paz y la amistad. La reconciliación es un proceso objetivo y real, antes de toda colaboración del hombre creado por Dios. Es Cristo mismo el signo y la realidad de esa reconciliación de Dios y la humanidad. El autor de Efesios quiere poner de manifiesto que el don de la paz es un don de Dios y ese don es Cristo mismo, porque gracias a El todos los hombres, en todas las culturas y religiones pueden vivir en paz. Si no es así, no es por exigencia del Dios de Jesús, sino porque los hombres se niega a la misma paz.

Evangelio: Marcos (6,30-34): Sedientos de su palabra

III.1. Cuando Jesús se dirigió en una barca con los suyos a un lugar apartado muchos los vieron marchar y fueron allá a pie, y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, vio Jesús una gran multitud, y se llenó de compasión, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. No pudieron descansar aquel día, ni Jesús ni sus discípulos. Nos enseña aquí el Señor con su ejemplo que las necesidades de los demás están por encima de las nuestras. También nosotros, ¡en tantas ocasiones!, habremos de dejar el descanso para otro momento, porque otros esperan nuestra atención y nuestros cuidados. Hagámoslo con la alegría con que el Señor se ocupó de aquella multitud que le necesitaba, dejando a un lado los planes que había proyectado. Es un buen ejemplo de desprendimiento que debemos aplicar a nuestras vidas.

III.2. Este contraste entre la suerte de los discípulos que puede gozar a la paz de la palabra de Jesús (aunque bien es verdad que después de desgastarse en el anuncio del reino) y la necesidad que tiene la multitud de esta palabra. Todo esto es para mostrarnos que, tras el descanso, Jesús tiene compasión de la multitud porque la ve como ovejas sin pastor (cf Num 27,17). Ahora Jesús ha “restaurado” a los suyos, que tienen que volver, para anunciar de nuevo el reino.

16 julio 2021

Mantenimiento de la parroquia

Se informa a la comunidad que vamos a acometer varias labores de mantenimiento, necesarias para la conservación del edificio. 

1.     Limpieza de los tejados. 

Se realiza varias veces al año, dado el número de palomas que viven entre el tejado y la torre, la suciedad que generan, hace necesaria su limpieza, al menos dos veces al año. He solicitado al Ayuntamiento, que tengan a bien, buscar una solución, nos afecta a nuestro edificio y todos los vecinos de alrededor.

 

2.     Labores de pintura en el interior del templo.

Las bóvedas se están agrietando por falta de pintura. Lo podéis observar en la nave central, que incluso hay un gran desconchón. Y se puede observar en la bóveda del altar de Santa Teresa. Son mas de 15 años sin pintar.

 

Para estas intervenciones estamos buscando financiación. Un ayuda será la colaboración de las papeletas que se están vendiendo. Pero esta será insuficiente, debido a lo costoso que es todo esto. A modo de ejemplo para que se hagan una idea, 1 hora de trabajo de limpieza del tejado nos costará 18€ por obrero. Otro ejemplo, una lata de pintura, de la que hay que aplicar en el interior de la Parroquia, que es una pintura especial, pintura al silicato, unos 70€.

 

Es urgente también la conservación de:

-       1. Las dos puertas de acceso: la de la Plaza y la de la Calle San Francisco.

(en unas condiciones deplorables).

 

-       2. La fachada del templo, tanto delantera, como trasera.

 

-       3. La fachada de la casa rectoral.

 

Las donaciones para estas finalidades se pueden hacer llegar a la Parroquia o se pueden enviar: ES91 2100 8095 9021 0021 1788 (La Caixa). Recordar que todas las donaciones tienen su correspondiente desgravación en la Declaración de la Renta.


14 julio 2021

Misas de verano

11 julio 2021

XV Domingo del Tiempo Ordinario - 11 de julio de 2021

La misión como vocación de ser discípulo. ¿Cómo estoy viviendo mi vocación de enviado en este tiempo?

I ª Lectura. Amós (7,12-15): La palabra de Dios es el pan del profeta. ¿Reconozco la importancia que tiene la Palabra de Dios en mi vida? ¿Es el pan que me alimenta? ¿Soy libre para anunciar el mensaje que recibimos en nuestra relación con el Señor? ¿Cumplimos con la función profética que recibimos en nuestro bautismo?

 

I.1. Amós era un hombre de pueblo de Tecua en el reino de Judá, al sur de Jerusalén, que fue enviado por Dios al reino de norte, en el momento de mayor esplendor de Samaría, su capital, pero precisamente cuando más injusticias podían constatarse. Porque la historia nos demuestra que en esas situaciones los egoísmos y el afán de poder y dinero de unos pocos prevalece sobre la situación límite de los pobres y la viudas. Amós se presenta en la ciudad de Betel, santuario real del reino de Israel, en el que el sacerdote Amasías le reprocha que venga a poner malos corazones y a juzgar a la monarquía, la corte entera y los oficios sagrados de los sacerdotes del santuario. Amasías tenía a sus profetas o teólogos oficiales ya amaestrados para decir y agorar lo que él quería.

I.2. Amós, sin embargo, no es un profeta de ese estilo; él ha sido llamado por Dios, le ha hecho abandonar sus campos y su rebaño, para ir a anunciar la Palabra de Dios. Por eso Amós se defiende con que “no es profeta ni hijo de profeta”; quiere decir que no es profeta de los que dicen lo que los poderosos quieren que se diga, para que el pueblo acate sus decisiones. Amós es un profeta verdadero que no puede callar la verdad de Dios. El verdadero profeta no tiene miedo a los reyes ni a los que detentan la ortodoxia religiosa. En esa escena de Betel (7,10-17), este campesino, bien cultivador de sicómoros o bien pastor de ganado bovino, no ha de dar tregua a las injusticias que se quiere legalizar de una forma religiosa. El profeta no trabaja por ganar de comer, porque quien así lo hiciera revelaría un interés de falso profeta. El verdadero pan del profeta verdadero es la “palabra de Dios”. Incluso Amós tiene que salir de su territorio, Judá, para ir al de Israel y anunciar allí ese pan de la palabra viva de Dios que debe quemar la conciencia de los instalados. El verdadero profeta pasa hambre de pan, con tal de anunciar la palabra de Dios.

II ª Lectura: Efesios (1,3-14): Dios nos "mira" desde su Hijo

II.1. Canta la exuberante gracia que Dios ha derramado, por Cristo, en sus elegidos. Vemos que, Dios es el sujeto de todas las acciones: elección, liberación, redención, recapitulación, predestinación a ser hijos. Es verdad, son fórmulas teológicas que nos describe este misterio. Pero todo esto acontece en Cristo, en quien tenemos la gracia y el perdón de los pecados. Y por medio de Él recibimos la herencia prometida. Y en cristo hemos sido marcados con el sello del Espíritu hasta llegar a experimentar la mismo gloria de Dios en los tiempos finales.

II.2. ¿Qué podemos retener del mismo? Entre las muchas posibilidades de lectura podríamos fijarnos en lo que sigue: que Dios, desde siempre, nos ha contemplado a nosotros, desde su Hijo. Dios mira a la humanidad desde su Hijo y por eso no nos ha condenado, ni nos condenará jamás. El es un Dios de gracia y de amor. La teología de la gracia es, pues, una de las claves de comprensión de este himno. Sin la gracia de Dios no podemos tener la verdadera experiencia de ser hijos de Dios. El himno define la acción amorosa de Dios como una acción en favor de todos los hombres. Estamos, pues, predestinados a ser hijos. Este es el “misterio” que quiere cantar esta alabanza a Dios. Se canta por eso; se da gracias por ello: ser hijos es lo contrario de ser esclavos, de ser una cifra o un número del universo. Este es el efecto de la elección y de la redención “en Cristo”.

Evangelio: Marcos (6,7-13): El evangelismo itinerante

III.1. Se trata del envío a la misión de los Doce discípulos que Jesús se había escogido (cf Mc 3,13-19). Es una misión en itinerancia, ya que el reino de Dios que deben anunciar y que Jesús está haciendo presente debe tener un carácter de peregrinación. 

III.2. La peregrinación cristiana, pues, es al mundo entero, a donde viven los hombres, para que conozcan el mensaje de salvación que Jesús ha traído para todos los hombres sin excepción. ¿ A quién le anuncio el Evangelio? ¿Siguen teniendo valor en nuestro mundo y en nuestra cultura? El valor que Jesús les dio: que el reino llegaba y la mejor manera para los suyos era un “desapego” de las cosas del mundo que no eran necesarias.

III.3. El mundo de los pobres, de los desapegados, de los “contraculturales” es algo que no podemos perder de vista en la lectura de este texto evangélico, sobre palabras de Jesús, para no entender el reino de Dios a la manera en que los hombres entienden el poder del dinero y de la efectividad. El radicalismo con que están formuladas estas palabras tiene acogida de muchas formas y de muchas maneras. Algunos hablan de los desarraigados sociales y de que el evangelio solamente puede vivirse desde ahí. Pero ¿no es posible “desarraigarse” sin tener que abandonar casa, familia y hogar? Desde luego que sí. El evangelio es para todos y el reino es para todos. 

III.4. ¿Enseña nuestro texto eso de “la felicidad por la libertad”?  El cristianismo verdadero no se resuelve solamente desde esta ética radical del desarraigo y el desapego. Lo más importante y decisivo es el amor, incluso a los enemigos, por muy alternativos que seamos. Jesús era un profeta con todo lo que esto significa en el mundo bíblico. Y desde luego debemos ser libres de verdad y esto es lo que Jesús inculca a los suyos. Debemos ser libres de verdad de las cosas que nos atan a este mundo. Pero el reino no se puede construir solamente desde el desarraigo alternativo y menos si este desarraigo llevara a burlarse de las costumbres y los convencionalismos de los otros. El reino se construye en la libertad personal y comunitaria, pero mucho más todavía sobre la misericordia y el amor a los otros en sus debilidades.

04 julio 2021

XIV Domingo del Tiempo Ordinario - 4 de julio de 2021

 1. ¿Qué experiencia tengo de rechazo? El evangelio de hoy tiene un objetivo claro: preparar a los discípulos para que no sientan la tentación de abandono cuando la gente los rechace y hasta los persiga. 

- A menudo nos encontramos con personas que han vivido su fe muy implicados en su parroquia, o en un grupo, con un compromiso serio… y que sufren porque sus hijos y nietos, en bastantes casos se han apartado completamente de la Iglesia. Es una situación que provoca mucho sufrimiento en estas personas: por una parte, les lleva a preguntarse ¿qué han hecho mal? piensan que no han sabido dar un buen testimonio de la fe; por otra parte, se plantean qué hacer para no provocar más rechazo todavía.

 

2. ¿Qué es un profeta? ¿Hay profetas hoy? ¿Qué pedimos y encomendamos a los profetas cristianos de hoy? Son aquellos que escuchando al Señor, transmiten un mensaje en su nombre. Tienen una misión de destruir para construir.

–  Que nos ayuden con sus críticas a quitar el velo que cubre nuestros ojos y nos impide ver que el pobre, el hambriento, el desnudo, el enfermo, el marginado son el rostro de Jesús (Mt 25, 35). 

–  Que nos enseñen a ver con los «ojos de Dios»; a descubrir la ofensa a Dios y al prójimo; a percibir a todos los hombres como hermanos y a ver la ofensa a cualquiera de ellos como algo que atañe personalmente a Dios (Is 58,7).

– Que enciendan y aviven el fuego de nuestras conciencias sobre las inhumanidades que produce nuestra sociedad: pobreza, paro, de la emigración, de la marginación de otros. 

–  Que cuenten con la ayuda y el apoyo de todos nosotros para hacer frente al miedo, a la depresión, a las calumnias, a las agresiones e incluso a la muerte a que puede llevarles su misión.

–  Que nos anuncien que son posibles los horizontes de una nueva humanidad.

 

3.-Jesus fue profeta en su tierra y… ¿De dónde saca todo eso?... ¿No es éste el carpintero, el hijo de María…? Y desconfiaban de él. Hasta el punto de que Jesús exclama: No desprecian aun profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa… Y se extrañó de su falta de fe.

 

Como dice la Carta a los Hebreos, Jesús tenía que parecerse en todo a sus hermanos (Hb 2, 17), y por eso quiso pasar también por la dura experiencia de la desconfianza y el rechazo de los más allegados. Así nos enseña a afrontar esa misma situación que Él vivió: en primer lugar, debemos tener claro que en nuestro seguimiento del Señor seguramente la primera oposición o rechazo nos va a venir de quienes esperaríamos que más nos comprendiesen y apoyasen.

 

Pero Jesús no se queda lamentándose ni culpabilizándose, ni deja de actuar. El texto nos dice que No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Como Jesús, lo más seguro es que nosotros no “podamos hacer milagros” en nuestro círculo más cercano: no vamos a provocar ninguna conversión, no vamos a lograr que se interesen por el Señor o por la Iglesia. A menudo, ante el rechazo de los demás, es mejor “callar y actuar”; lo que podemos hacer es “curar enfermos”, es decir, ofrecer nuestro servicio y entrega hacia ésos que “desprecian” al Señor.

 

Algunos podrán objetar que así renunciamos a dar testimonio de fe, que nos quedamos en el plano “asistencial”, que hay que insistir a tiempo y a destiempo (2Tm 4, 2), pero muchas veces con esto sólo conseguimos provocar más rechazo. Por eso, manteniendo lo que San Pablo VI dijo en “Evangelii nuntiandi” 22: “La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios”, para estas situaciones a las que nos referimos la actitud del Señor nos indica la línea a seguir, como dijo el Papa Benedicto XVI en “Dios es amor”:“El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuando es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor” (31.c). Y esto es así porque “es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. [El cristiano] Sabe que Dios es amor (1 Jn 4, 8) y que se hace presente justo en los momentos en que no se hace más que amar”.

 

El servicio y la entrega realizados por amor son un testimonio de fe en el Dios que es Amor. Y, como decía la 1ª lectura, te hagan caso o no te hagan caso… sabrán que hubo un profeta en medio de ellos. Quienes reciben nuestros gestos de amor sabrán que es Dios quien nos mueve a realizarlos, aunque explícitamente no lo quieran aceptar e incluso lo rechacen.

 

¿Sufro el rechazo hacia Dios y la Iglesia por parte de mi familia? ¿Cómo me afecta? ¿Soy de quienes insisten, de quienes renuncian, o de quienes callan y actúan?

Es muy doloroso sufrir el rechazo hacia Dios y la Iglesia por quienes más cerca tenemos, y es lógico sentirnos abatidos y sin saber qué podemos hacer. Pero como decía San Pablo en la 2ª lectura: así residirá en mí la fuerza de Cristo. Él hoy nos muestra un camino a seguir, el mismo que Él siguió: desde su experiencia de Dios como amor, transmitir amor. Ante el rechazo a la fe, tengamos bien presentes las palabras de Benedicto XVI: “El amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar”. Ante el rechazo, callemos pero actuemos, “dejando que hable sólo el amor.

02 julio 2021

Celebración de Matrimonios 2021/2022

Ya se encuentra actualizada en el apartado «Impresos y documentación» la guía sobre la Celebración del Matrimonio Canónico, adaptada para este próximo curso según las normas diocesanas y protocolos Covid.

En la misma se indica la documentación que es necesario presentar para abrir el expediente matrimonial, información sobre la formación catequética que hay que acreditar, así como indicaciones sobre la celebración litúrgica de la boda y su preparación.

20 junio 2021

XII Domingo del Tiempo Ordinario - 20 de junio de 2021

 I. ¿A qué barca nos subimos?

 A la barca de la comodidad, toda llena de lujos. Suele ser una opción aparentemente libre de sobresaltos. Pero indiferente a la realidad y conformista. El hedonismo y el narcisismo que provoca suele ser un espejismo frustrante. Job estuvo a punto de subirse a ella, resignándose a quedarse como estaba, aceptando sus fracasos y miedos como la única posibilidad. Es curiosos, pero parece que se siente cómodo con sus lamentos e inmovilismo. Los justificaba culpando al Altísimo y enfrentándose a él: “es mejor vivir sin Ti, pues no mereces mi confianza” se atrevió a decir. “Sólo me tengo a mi mismo y a mis circunstancias”. Estaba decidido a quedarse en la mediocridad de las certezas inmediatas, por mucho que las heridas supuraran y la desesperanza fuera el horizonte. Es una opción fácil y que no exige demasiados planteamientos. Don Quijote se lo dijo a Sancho Panza: “al hombre se le esclaviza fácilmente por la vanidad y la soberbia”.

A la barca de lo mundano. Un camino que suele navegar en círculo, en torno a planteamientos personalistas o idealizados. Es una barca rutinaria, donde siempre se hace lo mismo. No es necesario pensar ni mirar lejos. Basta la inmediatez aparentemente exitosa, pero ciertamente errática. Es una opción que no permite crecer ni sentirse libre. Eso sí, parece estable y no necesita esfuerzos. Te dejas llevar, aunque no sabes a donde ni para qué.

Cuando Job comprendió que la realidad no giraba en torno a él, sino que pertenecía a Otro gracias al cual él existía, su percepción cambió. Aprendió, como Don Quijote enseñó a Sancho Panza, que la felicidad se logra abriéndose a la confianza de vivir las cosas pequeñas de la vida desde la grandeza de saber que se es hombre, infinitamente amado, llamado a grandes empresas. ¡Claro que es posible salir del atasco! Basta saber quién es el Señor en cuya compañía estamos.

Al la barca donde está Jesucristo, no se consideran las cosas desde la mediocridad, ni desde la avaricia. Al subirse a la barca de Jesús, las conveniencias y los ensueños acomodaticios se desvanecen. De pronto uno sabe que se adentra en la aventura de una eterna novedad. Puede que arrecien los vientos y puede que el oleaje suscite temores, puesto que la verdad siempre es incómoda y el amor, contrariamente a lo que pasa con el odio, permite percibir la realidad desde la perspectiva de su horizonte que es luminoso, sereno y vital.

¿Eres discípulo de Jesús? Ser discípulo de Jesús proporciona la plena conciencia de uno mismo y suscita la verdadera responsabilidad de no confiar en nosotros mismos, sino sólo en Él. Jesús, aún dormido, es garantía de salvación. Basta su palabra, un simple gesto, para que el mar, que sigue siendo proceloso y amenazante, se calme y la barca, lejos de zozobrar, se mantenga firme en su rumbo. El discípulo aprende que la prisa del amor de Jesús es causa de esperanza, garantía de vida y seguridad.

Cuando los discípulos descubren que sólo en la barca con Jesús hay vida y salvación, no tienen miedo de echar las redes. Así facilitan que quienes hayan caído por la borda de la desesperanza o de la autocomplacencia, puedan ser atraídos a la barca donde no se valora a nadie por las apariencias, sino que, simplemente, sin cobardías, se le ama. Donde no son los ruidos del odio y la injusticia quienes gobiernan, sino el silencio del que, por amor, dio su vida para que todos la tengan en abundancia.

II. La tempestad. ¿Cuál es nuestra tormenta?

No fue suficiente la pericia de aquellos hombres habituados al mar, y tuvo que intervenir el Señor. Y levantándose, increpó a los vientos y dijo al mar: ¡calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo una gran bonanza. La paz llegó también a los corazones de aquellos hombres asustados.

Algunas veces se levanta la tempestad a nuestro alrededor o dentro de nosotros. Y nuestra pobre barca parece que ya no aguanta más. En ocasiones puede darnos la impresión de que Dios guarda silencio; y las olas se nos echan encima: debilidades personales, dificultades profesionales o económicas que nos superan, enfermedad, problemas de los hijos o de los padres, calumnias, ambiente adverso, infamias...; pero «si tienes presencia de Dios, por encima de la tempestad que ensordece, en tu mirada brillará siempre el sol; y, por debajo del oleaje tumultuoso y devastador, reinarán en tu alma la calma y la serenidad».

Nunca nos dejará solos el Señor; debemos acercarnos a Él, poner los medios que se precisen... y, en todo momento, decirle a Jesús, con la confianza de quien le ha tomado por Maestro, de quien quiere seguirle sin condición alguna: ¡Señor, no me dejes! Y pasaremos junto a Él las tribulaciones, que dejarán entonces de ser amargas, y no nos inquietarán las tempestades.

III. ¿y la fe?

“toda una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales”. Ante esta situación no es lícito quedarse inmóviles. Nos apremia el amor de Cristo..., nos dice San Pablo en la Segunda lectura de la Misa. La caridad, la extrema necesidad de tantas criaturas, es lo que nos urge a una incansable labor apostólica en todos los ambientes, cada uno en el suyo, aunque encontremos incomprensiones y malentendidos de personas que no quieren o no pueden entender.

«Caminad, con alegría y seguridad en el nombre del Señor. ¡Sin pesimismos! Si surgen dificultades, más abundante llega la gracia de Dios; si aparecen más dificultades, del Cielo baja más gracia de Dios; si hay muchas dificultades, hay mucha gracia de Dios. La ayuda divina es proporcionada a los obstáculos que el mundo y el demonio pongan a la labor apostólica. Por eso, incluso me atrevería a afirmar que conviene que haya dificultades, porque de este modo tendremos más ayuda de Dios: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20)».

Aprovecharemos la ocasión para purificar la intención, para estar más pendientes del Maestro, para fortalecernos en la fe. Nuestra actitud ha de ser la de perdonar siempre y permanecer serenos, pues está el Señor con cada uno de nosotros. «Cristiano, en tu nave duerme Cristo –nos recuerda San Agustín–, despiértale, que Él increpará a la tempestad y se hará la calma». Todo es para nuestro provecho y para el bien de las almas. Por eso, basta estar en su compañía para sentirnos seguros. La inquietud, el temor y la cobardía nacen cuando se debilita nuestra oración. Él sabe bien todo lo que nos pasa. Y si es necesario, increpará a los vientos y al mar, y se hará una gran bonanza, nos inundará con su paz. Y también nosotros quedaremos maravillados, como los Apóstoles.

La Santísima Virgen no nos abandona en ningún momento: «Si se levantan los vientos de las tentaciones –decía San Bernardo– mira a la estrella, llama a María (...). No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si ella te ampara».

13 junio 2021

XI Domingo del Tiempo Ordinario - 13 de junio de 2021

 I. Esto dice el Señor Dios: Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado: la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Con estas bellas imágenes nos recuerda el profeta Ezequiel, en la Primera lectura de la Misa, cómo Dios se vale de lo pequeño para actuar en el mundo y en las almas. Es también la enseñanza que Jesús nos propone en el Evangelio. El Reino de Dios se parece a un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.

El Señor eligió a unos pocos hombres para instaurar su reinado en el mundo. Eran la mayoría de ellos humildes pescadores con escasa cultura, llenos de defectos y sin medios materiales: eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes. Es incomprensible que estos hombres llegaran a difundir la doctrina de Cristo por toda la tierra en tan corto tiempo y teniendo enfrente innumerables trabas y contradicciones. Con la parábola del grano de mostaza –comenta San Juan Crisóstomo– les mueve Jesús a la fe y les hace ver que la predicación del Evangelio se propagará a pesar de todo.

Somos nosotros también ese grano de mostaza en relación a la tarea que nos encomienda el Señor en medio del mundo. No debemos olvidar la desproporción entre los medios a nuestro alcance, nuestros escasos talentos y la magnitud del apostolado que hemos de realizar; pero tampoco debemos dejar a un lado que tendremos siempre la ayuda del Señor. Surgirán dificultades, y seremos entonces más conscientes de nuestra poquedad. Esto nos debe llevar a confiar más en el Maestro y en el carácter sobrenatural de la obra que nos encomienda. «En las horas de lucha y contradicción, cuando quizá “los buenos” llenen de obstáculos tu camino, alza tu corazón de apóstol: oye a Jesús que habla del grano de mostaza y de la levadura. —Y dile: “explícame la parábola”.

Si no perdemos de vista nuestra poquedad y la ayuda de la gracia, nos mantendremos siempre firmes y fieles a lo que Él espera de cada uno; si no mirásemos a Jesús, encontraríamos pronto el pesimismo, llegaría el desánimo y abandonaríamos la tarea. Con el Señor lo podemos todo.

¿Estoy convencido de que sólo sintiéndome un regalo de Dios puedo yo convertirme en don para los demás?

II. Los Apóstoles y los cristianos de los comienzos encontraron una sociedad minada en sus cimientos, sobre la que era prácticamente imposible construir ningún ideal. Desde el seno de esta sociedad los cristianos la transformaron; allí cayó la semilla, y de ahí al mundo entero, y aunque era insignificante llevaba una fuerza divina, porque era de Cristo. Los primeros cristianos que llegaron a Roma no eran distintos de nosotros, y con la ayuda de la gracia ejercieron un apostolado eficaz, trabajando duro, en las mismas profesiones que los demás, con los mismos problemas, acatando las mismas leyes, a no ser que fueran directamente en contra de las de Dios. Verdaderamente, la primitiva Cristiandad, en Jerusalén, Antioquía o Roma, era como un grano de mostaza, perdido en la inmensidad del campo.

¿Cuáles son los obstáculos hoy? Los obstáculos del ambiente no nos deben desanimar, aunque veamos en nuestra sociedad signos semejantes, o iguales, a los del tiempo de San Pablo. El Señor cuenta con nosotros para transformar el lugar donde se desenvuelve nuestro vivir cotidiano. No dejemos de llevar a cabo aquello que está en nuestra mano, aunque nos parezca poca cosa –tan poca cosa como unos insignificantes granos de mostaza–, porque el Señor mismo hará crecer nuestro empeño, y la oración y el sacrificio que hayamos puesto dará sus frutos. Quizá ese «poco» que  está a nuestro alcance puede ser aconsejar a la vecina o al compañero de la Base un buen libro que hemos leído; ser amable con un compañero; comentar un buen artículo del periódico; prestar esos pequeños servicios que entraña toda convivencia; rezar por el amigo enfermo (o por el hijo del amigo), pedir que recen por nosotros, facilitar la Confesión... y, siempre, una vida ejemplar y sonriente. Toda vida puede y debe ser apostolado discreto y sencillo, pero audaz. Y esto será posible, como quiere el Señor, si nos mantenemos bien unidos a Él, si procuramos huir seriamente del aburguesamiento, de la tibieza, de la desgana: «Este tiempo que nos ha tocado vivir requiere de modo especialísimo que sintamos seriamente el deber de mantenernos siempre vibrantes y encendidos. Pero lo lograremos, únicamente, si luchamos. Solo el que se esfuerza con tenacidad se hace idóneo para este servicio de paz –de la paz de Cristo– que hemos de prestar al mundo». ¿Me siento a gusto con la gente sencilla y humilde? ¿Me encanta trabajar con ellos y aprender de ellos?

III. El anuncio del Evangelio, significó para familias enteras un cambio radical de vida y la salvación eterna; para otros resultó escándalo y, para muchos, necedad. San Pablo declara a los cristianos de Roma que él no se avergüenza del Evangelio, porque es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree. Y comenta San Juan Crisóstomo: «Si hoy alguien se te acerca y te pregunta: “Pero ¿adoras a un crucificado?”, lejos de agachar la cabeza y de sonrojarte de confusión, saca de este reproche ocasión de gloria, y que la mirada de tus ojos y el aspecto de tu rostro muestren que no tienes vergüenza. ¿Cuál es tu testimonio?

De los primeros cristianos debemos aprender nosotros a no tener falsos respetos humanos, a no temer el «qué dirán», a mantener viva la preocupación de dar a conocer a Cristo en cualquier situación en la que nos encontremos, con la conciencia clara de que es el tesoro que hemos hallado, la perla preciosa que encontramos después de mucho buscar. La lucha contra los respetos humanos no debe cesar en ningún momento, pues no será infrecuente el encontrar un clima adverso, cuando no escondemos nuestra condición de cristianos que siguen a Jesús de cerca y quieren ser consecuentes con la doctrina que profesan. Muchos que se dicen cristianos, pero con una postura poco valiente a la hora de dar testimonio de su fe, parecen valorar más la opinión de los demás que la de Jesucristo, o se dejan llevar por la fácil comodidad de seguir la corriente, de no significarse, etc. Esta actitud revela debilidad de carácter, falta de convicciones profundas, poco amor a Dios. Es lógico que alguna vez nos cueste comportarnos como somos, como cristianos que quieren vivir la fe que profesan en todos los momentos y situaciones de su vida; y esas serán excelentes ocasiones para mostrar nuestro amor al Señor, dejando a un lado los respetos humanos, la opinión del ambiente, etc., pues no nos ha dado Dios un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de templanza. No te avergüences jamás del testimonio de nuestro Señor, exhortaba San Pablo a Timoteo, a quien él mismo había acercado a la fe.

06 junio 2021

Corpus Christi - 6 de junio de 2021

¿Qué es la Eucaristía?

1. El altar está en alto, nos recuerda que representa un lugar, el sitio en el que aconteció algo muy importante: el Gólgota, un monte de Jerusalén. Cada vez que asistimos a la Eucaristía es como si subiésemos a ese monte, dónde Jesús fue crucificado, enterrado y resucitó. Ese lugar está aquí presente en este momento en la Parroquia de El Coronil.

 Cada vez que celebramos la Eucaristía, es como si entrásemos en una máquina de tiempo y nosotros estuviéramos como María al pie de la Cruz, siendo testigos de que Jesús entrega su vida por la salvación de todos nosotros. Y estamos corriendo a ese sepulcro que estaba vacío y vemos que la piedra estaba movida y que Jesús ha resucitado. Celebrar la Eucaristía, es hacer un gran viaje, en el tiempo, en realidad no es que seamos nosotros los que por la máquina del tiempo vayamos hace 2000 años, más bien es Jesús el que viene hasta nosotros y vuelve a entregarse como hizo hace 2000 años, entregar su vida en la Cruz por la salvación de toda la humanidad. Asistir a la Eucaristía, participar en ella es ser testigo de la entrega de Jesús en la Cruz y de su Resurrección. Decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección”. ¿Y como acontece este Milagro? No hay una máquina del tiempo ¿Sabéis como hacemos eso? Por un Sacramento: El Sacramento de la Eucaristía hace este gran Milagro de traer a Jesús 2000 años después como si hubiésemos estado allí presentes. ¡Qué importante es la Eucaristía! Para no olvidarla nunca. 

En el Siglo XIII en Italia, Pedro de Prada, sacerdote, tenía dudas de si era verdad o no la presencia real del Señor en la Eucaristía, y sufría mucho con sus dudas. Su confesor lo envió a peregrinar a Roma y pedir ante la tumba del Apóstol, la fe. En la cripta de Santa Catalina, hubo un milagro mientras celebraba la misa, al partir el pan, ese pan sangró. El Papa mando que el enviaran los corporales manchados de sangre para venerarlos e instituyó a raíz de este acontecimiento que se celebrara la fiesta del Corpus. Fue un milagro de amor. Para que sepamos que está presente en el Sacramento Eucarístico está realmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Otro milagro de amor pasó en una Isla de Hawai, había mucha lepra. Y como los enfermes no eran curables, los llevaron a una isla. Y como nadie los atendía, el Padre Damián, belga, se fue con ellos, porque ellos tienían que comulgar, aunque estaban leprosos, y  pasó mucho tiempo celebrándoles la misa. Sus dedos nunca se mancharon de lepra, con los que sujetaba la eucaristía.

¿Cuidamos cómo comulgamos? ¿Y la fidelidad a la eucaristía dominical?

En alguna sacristías pone: Sacerdote celebra la misa como si fuera la primera misa, celebra como si fuera la última misa, como si fuera la única misa. Pues tu recibe la comunión como si fuera la primera, la ultima o la única comunión. ¿Es esta tu actitud?

 

2. Jesús, en la Eucaristía, está, no sólo está ofreciendo su vida por la salvación del mundo y luego se va, no, no se va, permanece con nosotros. Él nos dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Y nos acordamos que más allá de la celebración del Sacramento, Jesús permanece con nosotros. Y le reservamos en el Sagrario, ese lugar en el que veneramos, adoramos Su Presencia. 

S. Agustin dijo: “Que nadie coma de esta carne sin haberla adorado”.  La adoración es acogida permanente. Hay dos actitudes:

-espíritu de adoración. Reconocer al Señor, como alimento, nos conmueve.

-espíritu de caridad. Recibir a Cristo, es amar, a la entrega de nuestra vida, entregaremos por los demás, pensar en la felicidad de los demás.

¿hay indiferencia en tu corazón? ¿deseas adorar al Señor? ¿Cuáles son tus actitudes?

 

3. Comulgar bien es prepararse para el Cielo. Sí, prepararnos para el Cielo. Es la preparación para el alimento que necesitamos para la Vida Eterna. “Quien come mi cuerpo y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. Prepararnos para el Cielo. El Cielo comienza aquí cuando recibimos a Jesús y nuestra vida comienza a resucitar, cada vez que comulgamos bien. Es como un pequeño adelanto de la Resurrección: Comulgar bien. El mayor drama que puede existir entre nosotros, escuchadme bien todas las familias porque esto es importantísimo: El mayor drama es que no tengamos hambre y sed de Dios. Ojalá… la Virgen María es la persona más adecuada para que le pidamos esto: crecer en hambre y sed de Dios, de comulgar bien, de que la Eucaristía nos acompañe en todos los momentos de nuestra vida, que no sea un acto puntual, que sea un crecimiento continuo en nuestra amistad con Dios.

4. La Eucaristía importantísimo para señalar es unirnos a Jesucristo es unirnos entre nosotros, es comunión: común unión de los que participamos de Jesucristo y a mí me importa, me afecta todo lo que les pase a los demás. Lo que dijo san Pablo: “¿quién llora sin que yo llore con él? ¿quién ríe sin que yo no ría con él? Yo participo de las alegrías y de los sufrimientos de mis hermanos porque todos estamos unidos a Jesucristo y nos duele el mundo, claro que nos duele el mundo. No podemos menos que sufrir, ¿cómo no vamos a sufrir, viendo que tantas personas a las que Jesús quiere también están sufriendo en este mundo? Hoy es el día de Cáritas, uno de los días especiales de Cáritas, porque comulgar es tener la común unión en Jesucristo.

Y a la Virgen María le pedimos que aumente nuestra hambre y sed de Dios y que como Madre que es nos una a todos nosotros como hermanos en torno a este Jesús que nos dice: “Amaos unos a otros yo os he amado”

30 mayo 2021

Domingo de Trinidad - 30 de mayo de 2021

1. Con frecuencia expresamos el misterio de la Santísima Trinidad en palabras abstractas. Los apóstoles entendieron que Jesús era el Salvador, enviado por el Padre. Y en Pentecostés experimentaron la acción del Espíritu Santo. Comprendieron que Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Luego este misterio tiene que ver con la vida creyente y con las consecuencias radicales para la vida. Nada tiene de abstracción

Si tuviésemos que resumir el mensaje del Antiguo Testamento en una sola afirmación, podríamos decir que consiste en el permanente empeño de Dios en manifestar su cercanía al pueblo. Desde el inicio de la Escritura se nos presenta a Dios en diálogo con el hombre  y con su pueblo. Somos parte de esta herencia y llamada a ser en relación. La iniciativa de Dios Padre es el origen que nos capacita para ser originales, la fuente que sacia nuestra sed y cambia la soledad.

San Ireneo, como maestro de la fe, habló de las dos manos de Dios: el Padre actúa por medio de sus dos manos, el Hijo y el Espíritu Santo. Las dos manos actúan conjuntamente. 

Nosotros, como comunidad creyente, que celebra hoy la Trinidad Santa, nos pregunta- mos: ¿Cómo es Dios? Para la comprensión trinitaria de Dios no necesitamos ir a teologías muy elevadas. Tan sólo es necesario echar una mirada al Vaticano II y otra a nuestra asamblea litúrgica: 

·      “...la Iglesia toda aparece como pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” Y, reunidos en torno a la Mesa del Señor y a la luz del Evangelio, afirmamos que, a la cabeza de la Mesa, está el Padre. A la derecha, el Primogénito nos pasa su abrazo de amor, que nos reúne en la unidad del Espíritu Santo. 

·      Y de los labios de los hermanos reunidos brota una aclamación: “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”. Ese grito de la comunidad es una aclamación al amor derramado sobre toda la tierra y sobre todos los pueblos, en el que nosotros ya nos hemos dejado envolver y abrazar. 

2. Según san Mateo 28,16-20. En la primera hora de la resurrección, el Resucitado les dice: «Id a Galilea». Y, al encontrarse con el Señor, sienten que su palabra los envía: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»

A pesar de las dudas de fe, que llevan en su corazón, el Señor les confía: «Haced discípulos». Es un encargo absoluto y fundamental. Y «bautizad en el nombre del Padre...». El encargo del Señor lleva a un Dios que Jesús nos revela como Padre; nos lleva a Jesús, Dios, que el Padre le revela como Hijo, y al Espíritu Santo (28,16-20). Y esos nuevos discípulos entran en el ámbito del misterio de comunión de amor del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, que es y será el cimiento de la Iglesia. 

Y termina el Evangelio de Mateo con una declaración del Resucitado: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos». Esta manera de hablar recuerda que ya no hay excusas para hacer la voluntad de Dios, que el camino de acoger y regalar el Proyecto de Amor del Padre reclama una absoluta confianza y una absoluta obediencia. 

3. La contemplación del misterio de la Trinidad en abstracto. A Dios no lo vamos a encontrar “más allá”. La novedad de este misterio es que Dios está junto a la vida de los hombres y mujeres, “aqui”. 

Y ese Dios es presencia y pura gracia, amor en total gratuidadViene a revelarse y expresarse de forma divina y eficaz a nosotros como Dador de Vida (el Padre), como Salvador (el Hijo) y como Amor que ensancha el corazón (el Espíritu Santo).

Ese amor es “gracia sobre gracia”, aquello que jamás se compra o se vende; es vida que se ofrece sin cálculos; es amor siempre abierto e inmerecido. El Dios, Trinidad Santa, no es el juez con un listado de sentencias. No pide cuentas, sino que se nos da como semilla y levadura para que sepamos vivir desde su amor. Siempre suscita vida y con su misericordia – su perdón- vuelve a suscitarla. Dios es amor que despierta y estimula un camino de Amor. 

La Trinidad Santa, que pone en “crisis” nuestra vida. Ya no podemos contemplar nuestra vida ni la vida eclesial ni el mundo como antes: 

– Todo hombre y mujer y toda vida queda dignificada porque participa del amor de Dios, que se presenta como Padre que adora y quiere en primer lugar a los “pequeños” 

– Dios Trinitario abre un caudal de vida que se constituye en un perenne dejar espacio al otro; en respetar al diferente abrazado en sus diferencias. 

– Para los discípulos del Señor nada puede convertirse en ídolo, sea en el ámbito político, económico o eclesiástico. 

– La comprensión trinitaria de Dios ayuda a la Iglesia a superar el clericalismo y el autoritarismo, porque la fe, comunión de distintos, lleva a una unidad viva y abierta. 

– La Iglesia del Señor, a la luz de la Trinidad, está llamada a abrir espacios a la participación igualitaria de todos, sin distinción por razones de sexo o de la función específica que uno ocupe en la vida eclesial. Y salir, con diversas manos y de diferentes maneras, a sembrar la tierra de su amor y así adelantar su Reino. 

4. La Santísima Trinidad tal como nos la dio a conocer Jesús. Él nos reveló que Dios es amor «no en la unidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia» (Prefacio): es Creador y Padre misericordioso; es Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación finalTres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente. 

Lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—. En todo lo que existe está grabado, en cierto sentido, el «nombre» de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación, y así se trasluce el Dios-relación, se trasluce en última instancia el Amor creador. Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor, naturalmente con grados diversos de conciencia y libertad. 

La Virgen María, con su dócil humildad, se convirtió en esclava del Amor divino: aceptó la voluntad del Padre y concibió al Hijo por obra del Espíritu Santo. En ella el Omnipotente se construyó un templo digno de él, e hizo de ella el modelo y la imagen de la Iglesia, misterio y casa de comunión para todos los hombres. Que María, espejo de la Santísima Trinidad, nos ayude a crecer en la fe en el misterio trinitario.