15 agosto 2020

Sábado 15 de Agosto - Solemnidad de la Asunción de la Virgen María al cielo

Ntra. Sra. De los Remedios, Patrona de El Coronil

Celebramos la fiesta de la Asunción de la Virgen, en la cual recordamos que María ha entrado en la gloria en cuerpo y alma, detrás de Cristo, como primicia de la Resurrección futura. La constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II dice: “La madre de Jesús, de la misma manera que ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y principio De la Iglesia, que ha de ser consumada en el futuro, así en esta tierra hasta que llegue el día del Señor, antecede con su luz al pueblo De Dios peregrinante, como signo de esperanza y de consuelo”.

Contemplamos a María como signo de lo que la Iglesia será. Nadie ha sufrido más con Cristo que Ella, y nadie, por ello, es más glorificada con Cristo que María.
¿En qué consiste la gloria de María? Hay una gloria de María que podemos ver en la tierra. ¿Qué criatura humana ha sido más amada e invocada, en la alegría, en el dolor y en el llanto? ¿Qué nombre ha brotado más frecuentemente que el suyo en los labios de los hombres? ¿Y esto no es gloria? ¿A qué criatura después de Cristo, han enaltecido los hombres con más plegarias himnos y catedrales? “Me felicitarán todas las generaciones” había dicho María de sí misma y veintiún siglos después demuestran que fue una verdadera profecía.

Grande ha sido en la tierra la gloria de María. ¿Qué es la gloria De Dios? La gloria De Dios es, Dios mismo, en cuanto que su ser es luz, belleza, y esplendor, pero sobre todo Amor. Gloria es el esplendor De Dios. La verdadera gloria de María consiste en la participación en esta gloria De Dios. En estar ya “llena de gracia”, en esta gloria María realiza esta vocación que toda criatura y la Iglesia ha sido creada: “Alabanza de la Gloria”. María alaba a Dios y alabando se alegra, goza y exulta.

¿Qué parte tenemos nosotros en el corazón y en los pensamientos de María? ¿Nos ha olvidado en su gloria? Como Esther, introducida en el palacio del Rey, ella no se ha olvidado de su pueblo, sino que intercede por él.

María intercede. De Jesús resucitado se ha dicho que intercede por nosotros ante el Padre, María intercede por nosotros ante el Hijo.

La mediación de María es subordinada a la de Cristo, no la oscurece, sino al contrario la pone a plena luz. En este sentido la función de María puede ser ilustrada con la imagen de la luna. La luna no brilla con luz propia, sino por la luz del sol, que recibe y se refleja en la tierra; y María no brilla con luz propia sino con la luz de Cristo. La luna hace luz de noche, cuando el sol se ha puesto y antes de que surja de nuevo; María ilumina con frecuencia a quienes atraviesan la noche de la fe y de la prueba, o que viven en las tinieblas del pecado, si se dirigen a ella y la invocan.
Cuando por la mañana surge el sol la luna se aparta y no pretende competir con él.

Todo esto es lo que María es y hace por nosotros, ¿y nosotros he debemos de hacer por Ella?

Contemplemos a María que sube al cielo en cuerpo y alma, “que esté en cada uno el alma de María para magnificar al Señor, que esté en cada uno el espíritu de Maria para exultar a Dios”.

Nuestra Señora de los Remedios, Ruega por nosotros.

Amén

08 agosto 2020

Domingo XIX del tiempo Ordinario – 09/08/2020

El domingo pasado la escena del Evangelio era de alegría. Jesús multiplica los panes y los peces, todos han comido y se han saciado.
Jesús ordena a sus discípulos subir a la barca y marcharse. No quiere que se acomoden al éxito y olviden cual es el camino que tienen que recorrer. Ahora que todos estaban saciados despide a la gente.
Jesús se retira a la montaña para orar. La noche va llegando y hay un fuerte viento y la barca de los apóstoles tiene peligro de hundirse. Jesús viene a su encuentro “de madrugada” andando sobre las aguas. Pedro le pregunta: ¿Señor eres tu? Y Jesús le responde: ven
Pedro ha sentido miedo y comienza a hundirse, pero le grita al Señor: Señor sálvame.
Jesús extiende la mano, tira de él y le dice: Qué poca fe, ¿porqué has dudado?

Jesús ha subido al cielo, dónde vive intercediendo por los suyos. Aquella tarde empujó la barca en el lago, ahora, empuja la barca desde el cielo. Entonces se había levantado un viento contrario, ahora la Iglesia vive experiencia de persecución y contrariedad. ¿Sientes ese viento contrario en tu vida? En esta situación ¿Qué experiencia tenemos del recuerdo de aquella noche? Que Jesús no está lejano y ausente, que se puede contar siempre con Él. Que Jesús les ordena ir andando sobre las aguas, contrarias de este mundo, apoyados únicamente por la fe.
No será fácil habrá momentos de oscuridad, incluso nos preguntaremos, si ha sido un fantasma, esto es, si lo vivido o creído ha sido una ilusión o deslumbramiento.

¿Cuál es ese viente contrario? ¿Cuál es esa falta de fe?
Tenemos que buscar e identificar en nuestra vida la barca hundiéndose: en el matrimonio, el negocio, la salud... El viento contrario puede ser, la hostilidad, la incomprensión, la enfermedad...
Durante algún tiempo, quizás hemos decidido no perder la fe y confiar en Dios, caminando sobre las aguas, esto es fiándonos únicamente de la ayuda De Dios. Pero, después, viendo la prueba larga y dura, hay un momento en el que nos parece no conseguir el objetivo y comenzamos a hundirnos. Hemos perdido la valentía. Este es el momento de recordar este evangelio y escuchar las palabras de Jesús a los apóstoles: “Soy yo, no tengáis miedo”.

Anda sobre las aguas
De vez en cuando tenemos en los evangelios escenas desconcertantes, incluso como para dudar si hablarán de películas, virtuales o físicas, si sucedieron como suena. Aunque aceptamos que los evangelistas describen muchas veces escenas con perspectiva simbólica, como hijos de su tiempo.

Así, la nave de Pedro es símbolo, figura de la Iglesia; el mar, del mundo en cuanto aventura, con sus secretos, riesgos, peligros. En la nave-Iglesia pasan cosas que desconciertan. Puede llegarse a pensar que Jesús ha desaparecido, que hemos quedado solos. Pero sus palabras suenan reales: ir al otro lado del mar; allá os esperaré...

¿Al otro lado de la vida? Me gusta pensar que puedo darle un sentido a esas palabras: tal vez Jesús me está esperando en la playa de la Vida Verdadera y esa esperanza me lleva a navegar con confianza mientras vivo. Pero los evangelistas tienen otra perspectiva: Jesús camina sobre la piel y las olas del mar y, además, de noche. ¿Qué significará?

Los que estudian el simbolismo en los evangelistas piensan que lo más importante que buscan es presentar a Jesús como Dueño del mar, es decir, Señor no solo de la tierra, sino del mar y de cuanto contiene: camina sobre las olas sin perecer; con él se navega con seguridad. Jesús es el Señor de todo; nos dice como a Pedro: ¿Por qué tienes miedo?

¿Cómo no sorprenderse ante las acciones de Jesús, ante sus milagros? En ellos descubrimos una constante: actualizan el poder con que Dios creó el mundo: su Palabra.

Jesús, Palabra hecha carne, revela hoy su divinidad; la manifiesta oportunamente para que la fe en él nazca y crezca.

Tenemos aquí cada uno como un termómetro de fe. Con la mano en el corazón:

• ¿Creo que vale la pena seguirlo, trabajar por la justicia y la paz, por lo que él ha dado su vida y sigue dándola?

• ¿Creo que en la otra vida seré feliz o me parece que la alegría eterna en Dios es pura fantasía? No, me digo, Jesús es la Verdad y me da la Verdad.

El Jesús que camina sobre las aguas es el Dios que creó el cielo, la tierra y el mar. Es el Señor, el único que puede llevar a la humanidad a su destino. Cito de un estudioso de la figura de Jesús (G.Lohfink). Dice: “Jesús pide fe para que pueda producirse un milagro. Los milagros surgen de las miserias que le salen a su encuentro, son inicio del mundo nuevo que Dios quiere, son señales de que el reino de Dios entra con fuerza y se cumplen las promesas de las Escrituras”

Creamos en este Jesús, que hoy hizo caminar en la noche sobre el mar a Pedro. Pidámosle su mano como Pedro se la pidió: de su mano caminaremos seguros como si el mar de la vida fuese tierra tan firme como la que pisamos.

Con él y en comunidad, acogiendo su Espíritu, no tendremos peligro de extraviarnos. Él irá delante, no yo; si me pongo yo delante, podré estrellarme; yendo él, abre camino seguro. Termino recordando el caso de una chica que, de manera extraordinaria, vivió la noche. Había nacido sorda; quiso estudiar medicina pensando llegar a investigar su caso; casi acabada la carrera, quedó ciega y paralítica. Prisionera en aquella noche cerrada, para ella Jesús es luz y alegría; dicta a su madre cartas a enfermos como ella, los invita a descubrir a Jesús: “con él venzo las noches del alma, las tormentas y angustias de la vida”. Se llamaba Benedetta; fue y es hoy bendición para quien siga su ejemplo. Seguía a Jesús, se dejaba guiar, no se ponía delante. Como Pedro, tendía a Jesús su mano necesitada.

¿No debemos pedirle a Jesús su mano cuando nos sentimos en peligro? Cojámosela y no la soltemos. Jesús, que, creyendo en ti, venzamos contigo nuestras oscuridades, los momentos negros en el mar revuelto o sereno de la vida.

Feliz semana

01 agosto 2020

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario – 02/08/2020

Los Apóstoles habrían querido que Jesús les dijera a la gente: “la misa ha terminado, podéis ir en paz”.

Jesús les dice: “Dadles vosotros de comer”. Ellos le contestan: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces”. Invita a la gente a sentarse.... orar... y lo distribuye a la gente.

Eran cinco mil hombres, es el picnic mas grande de la historia. Cuando dice, que sin contar mujeres y niños, era porque cada hombres representaba a una familia, era la mentalidad de la época.

¿Qué nos dice a nosotros el Evangelio?

Jesus se preocupa y siente compasión de la humanidad en su cuerpo y su alma. A las alma les distribuye la Palabra y a los cuerpos, la curación y el alimento.¿por qué no lo hace también hoy? ¿Por qué no multiplica el pan para tantos miles de millones de hambrientos? Jesús sigue multiplicando el pan y los peces.Si estamos en el campo en este tiempo de verano, el campo está produciendo. Si estamos junto al mar, las redes llegan llenas de peces. Es un milagro de la naturaleza

No quiero poner al mismo nivel el milagro de la naturaleza y el milagro del Evangelio. Jesus hizo este milagro de multiplicar de forma extraordinaria los panes, para ayudarnos a descifrar la multiplicación ordinaria que se produce cada año ante nuestro ojos.

¿Por qué siguen faltando panes a tantas personas? Jesús no lo hizo como si fuera un mago, sino que preguntó antes qué tenían de comer e invitó a compartir lo poco que había.

Lo mismo hace hoy. Nos pide que pongamos en común los recursos de la tierra. ¿cómo podemos acusar a nuestro Dios de no ofrecer pan suficiente para todos, cuando destruímos y tiramos toneladas de comida? Quizás sea pensar en la mejor distribución, mayor solidaridad, compartir...

La multiplicación nos hace pensar en la Eucaristía. La multiplicación del cuerpo de Cristo. La representación mas antigua de la Eucaristía es una canasta con cinco panes y dos peces. En el fondo, lo que hacemos en este momento de nuestra meditación, es una multiplicación de los panes, el pan de la palabra De Dios. Yo he partido el pan de la palabra, y se ha multiplicado entre quien la ha escuchado y después leído.

Queda: Recoger las sobras. Hacer llegar la palabra a quien no ha participado en el banquete. Hacerse testigos de la palabra. Dios os premie vuestra colaboración.


Deseo y búsqueda

Los humanos andamos hambrientos y sedientos, y buscamos el pan que calme nuestras hambres y el agua que sacie nuestra sed y dé sentido a la vida. Decir esto en los tiempos que corren puede parecer una afirmación gratuita. Sabemos que hay muchos que, instalados y seguros en sus riquezas, ya no buscan; están satisfechos con lo que tienen y tranquilos en su bien-estar. ¿Somos nosotros, que nos acercamos a la mesa de la palabra y a la mesa del pan, alguno de ellos? ¿O asistimos a una liturgia sin hambre y sin sed? La palabra de Dios nos saca del posible letargo. Oíd.

«Oíd, sedientos todos»

El segundo Isaías es un profeta en el exilio. En un clima de agotamiento y cierta incredulidad, intenta levantar el ánimo de los desterrados con la esperanza de una pronta vuelta a la tierra. Había también un resto (anawin) que en su silencio y pobreza mantenían la fe en el Dios liberador de sus padres. «Oíd, sedientos todos: acudid por agua también los que no tenéis dinero. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos». Esta palabra se ofrece también hoy de manera gratuita a los insatisfechos verdaderamente sedientos.

Hambrientos

A Jesús acuden hambrientos y sedientos. Son muchos. «Vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos». No puede pasar ante las situaciones humanas de sufrimiento sin sentirse llamado a intervenir. Detecta inmediatamente la necesidad y las atiende entregándoles su palabra, su tiempo y su acción. Es misericordia en acción. Puestos ante él nos atrevemos a preguntarnos qué produce en nosotros la cercanía a tanto sufrimiento y necesidad como hoy nos rodea. ¿Fastidio, indiferencia, mala conciencia…? ¿O una conmoción que nos empuja a implicarnos según nuestras posibilidades siguiendo a Jesús? También los discípulos que acompañaban a Jesús se dieron cuenta de que la gente necesitaba comer, pero se desentienden de dar respuesta a esa necesidad: «Despídelos ya para que puedan ir a las aldeas más próximas a pedir o comprar pan». Es su problema.

Dadles vosotros de comer

Para Jesús el hambre de los otros es problema suyo y enseña que también lo es de sus discípulos. «Traed los que tengáis», les dice. Este imperativo desata la dinámica del compartir. No valen excusas y decir que sólo tenemos lo justo nosotros.

Los discípulos obedecen la palabra del maestro y la gente se sienta en esa mesa que Jesús ha preparado. Hubo para todos y sobró. Ayer como hoy lo poco compartido alcanza a todos y aun sobra. El milagro del compartir. La solidaridad en presente. En la perspectiva eclesial y eucarística en que está escrito el pasaje las hambres y necesidades de la gente comprometen la acción de la iglesia, se hacen presentes y entran a formar parte de la eucaristía. «Tomando los cinco panes y los dos peces pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y los discípulos se los dieron a la gente». La iglesia entera ha de ser mediadora del amor y la misericordia de Dios hacia el mundo y del agradecimiento y respuesta de la humanidad.

30 julio 2020

Horarios de verano 2020

MISAS

Agosto
  Sábado 20:00
  Domingo 12:00
-Sábado 15 12:00 solemne misa de Ntra. Sra. de los Remedios
-Domingo 16 12:00 solemne misa de San Roque

Septiembre
  Diaria 20:00
  Sábado 20:00
  Domingos 12:00

AVISOS

-Durante el tiempo del Covid, todos los funerales serán en la capilla del Tanatorio.
-Durante agosto, no hay despacho ni archivo.

25 julio 2020

Domingo XVII del Tiempo Ordinario – 26/07/2020

Elegir
En el AT, Salomón es la personificación de la Sabiduría. Ha heredado riquezas y poder, pero, ante su misión, siente que necesita lo fundamental: un corazón dócil para escuchar y gobernar a un pueblo que es de Dios. Salomón no tiene experiencia ni preparación. Lo único que sabe es “elegir”. Es sencillo y a la vez determinante: la plenitud de todo ser humano depende de las elecciones que él haga. No solo por lo que elige, sino por el tipo de persona en la que se convierte. Saber elegir (phronesis) es la base del carácter. Nos hemos olvidado de estas verdades. Vivimos en una sociedad que vive en el “miedo a la libertad” (Fromm). Miedo a elegir, porque elegir significa renunciar a algo. Vivimos en la etapa infantil de quererlo todo… y, ¡oh ingenuos!, por quererlo todo, nos quedamos en no elegir algo. El miedo a la libertad es el miedo al compromiso, el miedo al riesgo. A Salomón no le tiembla el pulso. Elige la “sabiduría”. En palabras del Nuevo Testamento: «Todo lo considero pérdida comparado con el superior conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor; por el cual doy todo por perdido y lo considero basura con tal de ganarme a Cristo» (Flp 3,8).

Ser elegidos
También hoy el evangelio nos remite a un problema interno de la primera comunidad. Los primeros cristianos, como Pablo, han encontrado y elegido a Cristo: unos de forma más accidental (como “un tesoro en el campo”), otros de forma más intencional (como el “buscador de perlas finas”). Sin embargo, el ambiente en el que viven (desprecio de romanos, persecución de judíos, irrelevancia ante los paganos…), les lleva a preguntarse si de verdad es importante su elección. ¿Cambia mi vida si “lo dejo todo para seguir a Cristo”?

Las lecturas nos pueden dar claves para nuestra vida como cristianos en este mundo que pone a prueba nuestra elección. Lo primero que nos recuerda la segunda lectura es que Cristo nos eligió y llamó primero. El amor de Dios, somos su tesoro. No elegimos a Cristo por pura iniciativa o puro cálculo personal. Nuestra elección no es en el vacío. Nuestra elección es una opción seducida. La Iglesia es la comunidad (ecclesia) de los convocados. Mirémonos y recordemos el “amor primero”. ¿Podemos volver a recomponer desde el corazón ese momento en el que Cristo nos sedujo, nos susurró palabras de plenitud? Hacer memoria del corazón, (re-cordar) nos permitirá encontrar la pasión que nos mueve, para poder confiar en que nuestra respuesta, el seguimiento.

Perder para ganar
En las dos parábolas que nos narra el evangelio ocurre el mismo movimiento: se vende todo para adquirir aquello que es precioso, aquello en lo que nos va la plenitud. «Se va a vender todo lo que tiene». Es la lógica del evangelio. En los negocios, se trata de ganar siempre, de acumular más beneficios, de tener más clientes. Sin embargo, en la vida del cristiano solo es posible ganar a Cristo si aceptamos que antes hemos de perder nuestras seguridades, nuestras manías de hombre viejo. Incluso, como dirá Ignacio en los Ejercicios, nuestras riquezas y nuestra honra. Examina otra vez el corazón. ¿Puede ser que el encuentro y seguimiento de Cristo no produzca alegría porque hay “cosas” que no me dejan seguirle? ¿Qué seguridades, hábitos, riquezas… me impiden alegrarme al encontrarme con Cristo-tesoro? «El joven, al oír estas palabras, se marchó entristecido porque tenía muchos bienes».

Compartir
La alegría nace del encuentro con Cristo y se alimenta al comunicarse. El discurso parabólico no es un discurso expositivo. Pretende poner al oyente en una situación en la que se identifique con el movimiento de la parábola y le lleve a una decisión personal, a una elección. ¿Qué hacer con la perla o el tesoro? Hemos encontrado el Tesoro, hemos vendido todo para comprar la perla ¿Qué hacemos con Cristo ahora? ¿Guardarlo y ponerlo a buen recaudo para poder disfrutarlo nosotros solos? Es la lógica de la exclusividad. Si he comprado el campo, he vendido mi necesidad de poseer en exclusividad. En el evangelio, el que encuentra Cristo-Tesoro, sale a compartirlo con los demás. Sale a enseñar su perla, a repartir su tesoro. La verdadera alegría del cristiano nace del encuentro con Cristo y crece al comunicarse. Que también otros descubran el tesoro de Cristo y el evangelio de su Reino. El Papa Francisco nos recuerda que la Iglesia es misionera ¿Hasta qué punto entiendo mi vida como una misión? ¿Encuentro alegría en esto?

El tesoro escondido y la perla preciosa son Jesús. La salvación ha llegado gratuitamente por obra de Dios, no pierdas la oportunidad, este es el tiempo de la decisión. Estas parábolas crean en nosotros una enorme responsabilidad.
En la parábola hay dos actores:
-uno visible, que va, vende y compra
-uno oculto, que es el viejo propietario, que no se da cuenta de que en su campo hay un tesoro y lo vende al primero que se lo pide, no sabe de su valor y lo vende.

¿Cuál de los dos actores eres tu?
Muchas veces mal vendemos nuestra fe, hay quién la ha cambiado por una ideología, por dinero, por pereza, por moda... ¿Estoy dispuesto a abandonarlo todo para no perder la fe y a Dios (perla)?

Es necesario haber encontrado a Jesús, para tener fuerzas y alegría para venderlo todo. Este encuentro debe ser personal, nuevo, convincente. Haberlo descubierto como un amigo y salvador. Después lo venderemos todo “llenos de alegría”.

22 julio 2020

Balconeras de San Roque

Este año de coronavirus, os invitamos a decorar durante el mes de Agosto nuestros balcones con la imagen del patrón de El Coronil, uno de los protectores de epidemias con mayor devoción, San Roque.

Las balconeras se pueden adquirir en la parroquia a partir del sábado 25 de julio por tan solo 20 euros.
Los beneficicios de la recaudación serán para:

   -Restauración de la imagen de San Roque
   -Cáritas Parroquial


Aclaración
La Parroquia ha hecho el esfuerzo de hacer las colgaduras de San Roque, a petición de algunos feligreses de la Parroquia, porque lo han visto en otros pueblos, incluso porque ya se había hecho con la imagen de la Divina Pastora en el mes de mayo.

Finalidad:
   1. Colocar la imagen del Patrón en nuestras casas, fomenta la devoción a San Roque, hace que podamos hablar de un hombre enamorado de Jesucristo que se convirtió en modelo de Santidad en la época que le tocó vivir. Ojalá seamos capaces de imitarlo hoy.
   2. Lo recaudado de su venta servirá para la conservación de la imagen, y para ayudar a nuestra Cáritas Parroquial. Son muchas las actuaciones de conservación que hay que hacer en nuestro templo Parroquial, y pocos los ingresos, puede ser una fuente de financiación.

De lo que se desprende:
   1. Desde la Parroquia os pedimos que colaboréis con su compra porque de este modo se cumplen los dos objetivos anteriores: fomentar la devoción al Patrón y conservar nuestro patrimonio cultural y caritativo.
   2. Si alguien quiere hacer otras colguduras, está en su derecho, pero sepan que colaborando con la colgadura de la Parroquía, el beneficio redundará en la Parroquia de El Coronil. ¿Tiene sentido cuando la Parroquia ha hecho una colgadura, que otra gente se ponga a distribuir otras?

18 julio 2020

Domingo XVI del Tiempo Ordinario - 19/07/2020

El tema de este domingo para nuestra reflexión es la oración.

En las lecturas de hoy encontramos un texto de San Pablo, que nos permite afrontar este tema de la oración:

“El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, que el Espíritu mismo intercede por nosotros...”

Si pudiésemos descubrir qué nos dice el Espíritu, habríamos descubierto el secreto de la oración. El Espíritu que ruega por nosotros secretamente es el mismo Espíritu, que ha rogado para clarificar los símbolos de la Escritura. Él que ha inspirado las Escrituras, también ha inspirado las oraciones, que leemos en las Escrituras.

Todo lo que el cristiano deber hacer para aprender a rezar, es ir a la escuela de oración en la Biblia.

Si descubrimos cómo el Espiritu Santo oraba en Jesús, hemos descubierto como ora en nosotros, porque él continúa en nosotros la oración de Cristo.

La oración del cristiano no es mas que la voz de la oración de Jesús, que atraviesa los siglos, y que desde la cabeza se propaga a los miembros.

Nosotros sabemos cómo oraba Jesús. Todas sus oraciones comienzan con el grito al Padre: Abba, y encuentran en él su fuente.

La oración cristiana es el grito o el diálogo del hijo con el padre, es por lo tanto, libre, confiada, sin complejos. El Espíritu infunde en el creyente el sentimiento de ser un hijo amado por Dios. La persona percibe que Dios es grande, poderoso, omnipotente. Por eso ya no le tiene miedo. Padre nuestro que estás en el cielo... es percibido, al mismo tiempo, como altísimo y muy cercano y transcendente.

Este sentimiento tan fuerte no dura mucho. Viene pronto el tiempo en el que decimos “Padre nuestro” sin sentir nada de particular, pensando que gritamos al vacío. Es el momento de recordar que no estamos solos para orar, que Espíritu ruega por nosotros

¿Qué feliz estará nuestro Padre, cuando nos escuche hablarle?

La fuente de la oración, la hemos recibido del Espíritu Santo, y por nuestro bautismo ha sido derramada en nuestros corazones. El cristiano no sólo ha recibido el mandato de orar sino que también ha recibido el don y la posibilidad de orar.

Hay personas que van lejos para aprender a orar. Pensad que si eres bautizado y creyente en Cristo, bastaría liberar tu corazón del activismo y permitir que la buena semilla sembrada, como decíamos el domingo pasado pueda crecer.

La oración es un respiro del alma. Muchas veces nos agobiamos, porque no sabemos como orar. ¿Que hacemos, desesperarnos o rendirnos? Nos dice el Concilio de Trento: “Dios, dándote la gracia, te manda hacer lo que puedas y pedir lo que no puedes”

Muchas personas le ha cambiado la vida, el incluir en su horario diario, un tiempo para la oración, igual que tenemos tiempo para trabajar, ocio...

Piensa que tiempo puedes dedicar a la oración e inclúyela en tu horario diario.

2. Luces y sombras
Todos tenemos una determinada percepción del mundo y de la Iglesia. Miramos la realidad actual y quedamos sobrecogidos por la presencia y fuerza del mal. Vivimos además un clima de condenas y exclusiones, de intolerancias y fundamentalismos. Leamos las noticias de cualquier día de esta semana. Las noticias de crímenes, abusos, mafias, escándalos y contaminación se propagan como virus que saltan todas las fronteras e inundan las conciencias y la vida social. Las vidas de las personas entregadas en hacer un mundo más humano apenas salen a la luz ni despiertan la atención de la gente. A veces pensamos que los demás son malos, ¿lo son de verdad? ¿Por qué? ¿Nos hemos equivocado alguna vez?

Trigo y cizaña
Creemos ser realistas cuando nos sumamos al coro de los lamentos y derrotismos. Tal vez deseamos que nuestra sociedad y nuestra iglesia cambien de una vez a mejor. Tal vez intentamos aportar algo para que sea así, pero fácilmente se nos olvida que somos parte de esa realidad y que también crecen juntos en nuestro campo el trigo y la cizaña; no fuera, sino dentro de nosotros. Cuando miramos el mal fuera de nosotros queremos ser justos, pero es muy fácil que, queriendo acabar con el mal, deseemos lo mismo para el que lo hace. En nuestro propio corazón crece la cizaña que amenaza con ahogar el trigo bueno de cada día.

En esta situación nos volvemos a la Palabra con la que hoy Dios nos ilumina. El Reino de Dios se hace presente en la ambigüedad de la historia. En la parábola Jesús nos enseña algo fundamental: mientras que los criados están dispuestos acabar con la cizaña del campo de una vez y sin rodeos, el amo los anima a ser pacientes, tolerantes y no excluyentes. Quizá pensamos que no es todo lo justo y radical que debiera. También somos tentados a cortar el mal de raíz, a echar lejos de nosotros al disidente. Muchos cristianos cedemos a la vieja tentación de pretender separar el trigo de la cizaña. «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» ¿Es fácil vivir entre gente buena, mala y regular? ¿Quienes son cizaña para mí?

Inclusión e intransigencia
«Dejad que ambas semillas crezcan juntas» hasta el final. Es sorprendente cómo nos propone Jesús el juicio de Dios como único horizonte de todo juicio humano. En sus manos están los pesos y medidas del bien y del mal. El nuestro puede estar equivocado y ser precipitado. Mientras llega el momento final hay tiempo para la misericordia y el perdón. Frente a maniqueos y puritanos, jueces e impacientes, Él es paciente: «paciente y misericordioso, lento a la colera y rico en clemencia». Con una advertencia: «la medida que uséis la usarán con vosotros.»

Lo germinal es pequeño y oculto
La segunda y tercera parábola, del grano de mostaza y de la levadura, iluminan en la misma dirección la dinámica del reino de Dios. Ambas ponen de relieve el contraste que existe entre la situación inicial y el resultado final; dos cosas pequeñas de las que no cabría esperar un efecto tan grande. Como la semilla y levadura, el reino de Dios que ha comenzado ya con la vida y obras de Jesús tiene una apariencia insignificante, pero lleva dentro de sí la fuerza que puede transformar la historia. Así es el desarrollo del reino: lento y débil, escondido y lejos de las grandes inversiones sociales, sin relevancia aparente pero capaz de darle la vuelta a la vida entera. Cuando oramos “¡Venga a nosotros tu reino!”, quizás suspiramos todavía por una llegada arrolladora. Para nuestra desazón y a veces para nuestro escándalo, lo que palpamos del reino de Dios es debilidad y riesgo.

Trabajadores por el reino
Las dos parábolas nos invitan a una actitud de confianza, pero también de trabajo serio, como el que siembra o como el que amasa: «Se parece a un hombre que sembró…, se parece a una mujer que mezcla y amasa». La semilla no brota sola ni la levadura se hace y se mezcla por su cuenta. Se necesita un trabajo bien hecho: preparar, sembrar, cuidar, mezclar, acoger, pero con paz y paciencia, en espera confiada. Sin olvidar la humildad de lo primero, busquemos con pasión la promesa de lo segundo.

Preguntas: - ¿En qué me dejo llevar por los lamentos y el derrotismo? - ¿Alimento sentimientos de intolerancia y condena? - ¿Me siento llamado a ser humilde sembrador del evangelio de la paz?

11 julio 2020

Domingo XV del Tiempo Ordinario – 12/07/2020

1.- El tema central de la liturgia de la hoy, es la Palabra de Dios. En la Primera lectura de habla de ella con la imagen de la lluvia que desciende del cielo, que riega la tierra, para fecundarla y que pueda dar semilla al sembrador y pan al que tiene que comer. En el Evangelio se vuelve a hablar de la Palabra de Dios, esta vez con la imagen de las semillas que cae sobre sobre piedras, o sobre abrojos y espinas o que cae en tierra buena.
Os invito a pensar a cerca de la ecología y la protección de lo creado.  En la segunda lectura san Pablo dice:  “la creación… pero fue con la esperanza de verse liberada de la esclavitud de la corrupción…”

Hay dos modos de hablar de la ecología y del respeto de lo creado:

1.    El primero tiene en el centro al hombre, no nos preocupan las cosas en sí mismas, sino que éstas están en función del hombre; por el daño irreparable que el agotamiento y la contaminación del aire, del agua, de la desaparición de ciertas especies animales ocasionaría a la vida del planeta. Es un ecologismo que se resume “salvemos la naturaleza y la naturaleza nos salvará a nosotros”.
Este ecologismo es bueno pero precario.

2.    La fe nos enseña que debemos respetar lo creado no sólo por intereses egoístas para no dañarnos a nosotros mismos, sino porque lo creado no es nuestro, sino de Dios, por eso es hermoso, armonioso, perfecto.
El hombre custodia la creación, pero no es el dueño. Entre nosotros y las cosas hay una relación de solidaridad y de fraternidad, no de dominio.

¿Cómo te acercas tu a las cosas, desde la primera posición o desde la segunda?


La ecología nos invita a volver a una vida sencilla y sobria, sin que la ecología sea un ideal que no podamos cumplir ni vivir. San Francisco decía: “no fui nunca un ladrón de limosnas”, pensaba que recibir mas limosnas de las necesarias, era robárselas a los pobres. Nosotros podemos aprender de él “a no ser ladrones de cosas”. Si agotamos los recursos (agua, madera…) porque usamos mas de lo que necesitamos, lo robamos a los otros. Si no a otros, a las generaciones que vendrán detrás de nosotros. ¿Qué cosas concretas, hago en el día a dia, para cuidar de la naturaleza? ¿pienso en las generación futuras?

El ecologismo espiritual nos lleva mas allá del respeto por lo creado. Nos enseña a unirnos a lo creado para dar gloria a Dios y también en relación a la creación, nos podemos acercar al conocimiento de Dios. Dios ha escrito dos libros, la Biblia y la creación. Este segundo está abierto ante todos. Nos habla Dios con imágenes como por ejemplo: la lluvia, la semilla, Dios como imagen de la roca…

Debemos aprender a contemplar. La contemplación es la aliada de la ecología. Ella nos permite gozar de las cosas sin necesidad de poseerlas y de impedirlas para los demás. La posesión restringe, sustrae… la contemplación multiplica.
Las parábolas de Jesús son la prueba del amor con que él contemplaba las cosas. Entre él y la naturaleza. Todo esto se encuentra expresado en el salmo responsorial de hoy, Sal 66, 10-14
Lee el salmo, y contempla la creación que tienes a tu alrededor, reconociendo la mano de Dios

2.- En el mundo de hoy se hacen cada vez más presentes las noticias y palabras falsas ( “fake news”), o las medias verdades que siembran sospechas, desconfianzas y miedo, o las descalificaciones denigrantes que estigmatizan públicamente a personas y colectivos. La palabra, vehículo de comunicación y diálogo de personas, aparece devaluada y pervertida.

Dios ha sembrado en el mundo su palabra con absoluta gratuidad. “La Palabra de Dios participa del triple nivel que tiene toda palabra: comunicación de algo, autocomunicación del que habla e interpelación que exige una respuesta”. Hemos proclamado la “Palabra del Señor”. Las lecturas de hoy revelan expresamente el sentido y alcance de la palabra del Reino.

La semilla:
Así lo explica Jesús desde una cultura agraria. La imagen del sembrador y la semilla subrayan esa cualidad de expandir la vida con absoluta gratuidad “para que dé semilla al sembrador y pan al que come”. El reino de Dios es algo tan misterioso y dinámico como una semilla en la que está el germen de la vida; pequeña, pero con una fuerza extraordinaria que la hace crecer y desarrollarse hasta dar fruto si encuentra un tierra buena y húmeda. Su ritmo de crecimiento es lento y oculto; un ritmo que no es el de la eficacia sino el de la fecundidad.
Alejada de la naturaleza, en la cultura moderna se habla más de productividad y eficacia de fecundidad. Y, en función de la eficacia y la eficiencia, la capacidad de lograr un efecto deseado con el mínimo de recursos posibles y en el menor tiempo posible, se rinde tributo y culto al crecimiento rápido y desarrollo. Aprended de la naturaleza, aprended de las plantas.
La palabra del Reino es de calidad y el sembrador la esparce con generosidad a toda clase de oyentes, con la esperanza, como toda siembra, de que producirá buenos frutos aun en medio de las dificultades de la vida. Pero lo primero que se espera del oyente es tener los oídos y el corazón abiertos para que la semilla de vida penetre y arraigue profundamente.

La Tierra:
La palabra de Dios cae en tierras diferentes y con diferente fortuna. La explicación alegórica de la parábola que ofrece Jesús, a petición de los discípulos, seguramente recoge también la experiencia de los apóstoles sembradores en las primeras comunidades.

Nos miramos en su espejo para descubrir qué clase de tierra somos y qué peligros nos amenazan. Actitudes interiores y dificultades exteriores que hacen estéril la buena semilla que recibimos y sembramos. ¿Por qué no todos aceptan el mensaje? ¿Por qué el evangelio de Jesús no produce el fruto deseado en nosotros y en todos sus oyentes?
- En unos, porque son tierra endurecida y sin fondo y la palabra de Jesús no va de acuerdo con los deseos o necesidades. No tienen profundidad interior, o se encierran en su propia cáp- sula, impermeables a todo lo que pueda desestabilizar su independencia. Viven en la superficie y la apariencia.
- En otros porque, aunque la acojan con entusiasmo, ante las dificultades, incomprensiones, ofensas o persecuciones les falta coraje y capacidad de resistencia.
- Otros andan agobiados por cubrir las necesidades básicas o alcanzar objetivos materiales a corto plazo. El evangelio refiere dos situaciones extremas y opuestas: “el agobio de la vida y la seducción de la riqueza”, que producen el mismo efecto: ahogar la palabra de Dios.
- En otros, sin embargo, la semilla da fruto. La llamada al realismo no permite el derrotismo ni anula la esperanza: Hay y habrá cosecha abundante.

Escuchar:
«El que tenga oídos que oiga». No es lo mismo oír que escuchar, ver que mirar, aprender lecciones que entender con el corazón los secretos del reino. ¿Qué tenemos que escuchar? Dios ha sembrado gratuitamente y a manos llenas la vida en la tierra que somos y confía en que dará fruto. Con la misma generosidad y
confianza nos corresponde prepararla y cultivarla.
- Cultivando en nosotros la esperanza en los valores del evangelio que nos revela Jesús y han de salvar al mundo: el amor, la fraternidad, la misericordia, la entrega generoso, la justicia, la paz...
- Asumiendo el sufrimiento y lentitud que acompaña el proceso de crecimiento de la vida nueva: los rigores del invierno para que arraigue y se fortalezca, la prisa por recoger el fruto y disfrutar de la vida sin pasar por los dolores de todo alumbramiento. «La creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto».
- Dejándose afectar por la llamada y mirada de los otros a través de los que Dios mismo nos habla. Ciertamente la fidelidad de unos y el dolor de otros nos ayudará a ser más humanos, más comprensivos, más humildes, ante los hombres y ante Dios.
- ¿Soy capaz de acoger como don la vida que Dios me ofrece cada día?
- ¿En qué medida escucho la voz de Dios que me habla desde los necesitados?
- ¿Siento la llamada a ser para otros sembrador de la buena noticia que yo mismo recibo?

04 julio 2020

Domingo XIV del tiempo Ordinario – 05/07/2020

¿Cuándo es Jesús humilde? En el evangelio no hay reconocimiento de la culpa en su boca, ni cuando habla con los hombres, ni cuando habla con el Padre. Él, puede hasta decir dirigiéndose hacia sus adversarios ¿Quién de vosotros puede probar que soy un pecador? Se proclama el maestro y el señor. ¿Dónde está pues la humildad de Jesús?

1.    La humildad no consiste principalmente en ser pequeño o pobre, porque uno puede ser insignificante y al mismo tiempo arrogante.
2.    No consiste en sentirse pequeño y sin valor, esto puede ser un complejo de inferioridad o de una imagen de sí mismo depresiva.
3.    No consiste en declararse pequeño, porque muchos expresan no valer nada sin creerse verdaderamente lo que dicen.

¿Qué es la humildad? Hacerse pequeño para amar y para servir, y para agrandar a los demás, así ha sido la humildad de Jesús.

Humilde es sólo Dios, porque en la posición en la que está, no puede encumbrarse por encima de sí, solo puede abajarse. Esto lo hace durante todo el tiempo, crea el mundo, se abaja, la historia de la salvación es la historia del descendimiento y de las humillaciones de Dios.

Esta idea le gustaba a san Francisco de Asís, quien solía exclamar “mirad, hermanos la humildad de Dios”, y vuelto hacia Dios decía: “Tú eres la humildad”.

La humildad es la verdad: la palabra hombre está relacionada con la palabra humildad. Las dos provienen del latín “humus” esto es suelo. El humilde es aquel que tiene los pies en la tierra, que no se engrandece por las alabanzas propias o de los demás. San Pablo dice a los Corintios: ¿Qué tienes que no hallas recibido? Y si lo has recibido ¿de qué te glorías?

La humildad no es natural. No nos gusta. Se dice que más del 75% del cuerpo es agua, pues del mismo modo, más del 75% del espíritu humano es orgullo y vanidad.

¿Debemos rebajarnos, renunciar a hacernos valer, aspirar a grandes cosas? No. Un día Jesús dijo a sus discípulos, si uno quiere ser primero, sea el último y el servidor de todos. Y también dijo, el hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar la vida por muchos. Es lícito querer ser el primero y sobresalir en la vida, pero ese sobresalir sobre los demás ha de ser sirviéndolos y amándolos y ayudándoles a crecer.

Humildad no significa por tanto dejarse pisotear, no reaccionar ante las injusticias, el verdadero humilde sabe igualmente luchar por la verdad, porque el mismo es libre.

Pequeño en el evangelio de hoy, no significa lo contrario de inteligente, sino lo contrario de soberbio, el evangelio no condena la sabiduría sino el orgullo.

¿A quién nos acercamos, al orgulloso o a la persona discreta humilde capaz d escuchar y callar?

El orgullo estropea las cosas más bellas. La inteligencia y la belleza física sin la modestia pierden su fascinación y exponen a la persona al ridículo.

Un medio para crecer en la. Humildad, es aceptar la corrección de los demás sin deprimirnos, sin contraatacar, puesto que no se llega a ser humilde sin la humillación.

·       ¿Recordáis aquella historia que nos contó Jesús: la de un fariseo que estaba rezando con mucho orgullo? ¿Os acordáis de lo que le rezaba a Dios?: “Te doy gracias porque no soy como los demás” ...

·       ¿Y os acordáis de las palabras que dirigía a Dios aquel pobre pecador, que estaba al fondo del templo, con el corazón arrepentido?: “Ten misericordia de mí, porque soy un pecador” ...

·       ¿Qué enseñanzas sacaba Jesús con ese ejemplo?

A Jesús no le gusta el orgullo, ni la soberbia: hay gente que “se sobra”. Escuchad este pequeño cuento:

Había una vez un hombre que se dirigió a un sabio para que le diera consejos para la vida. Y empezó a hablar y hablar, con tantas explicaciones y tantas palabras, y tantos razonamientos, que el maestro terminó levantándose para ofrecerle una taza de café. Luego se lo fue sirviendo, llenando la taza con toda paz hasta el borde, de manera que el café comenzó a derramarse sobre el mantel, la mesa y el suelo. ¿Qué hace?, dijo el visitante. Miré usted – respondió el sabio-. Usted se parece a esta taza: está tan llena que no le cabe nada más. Tendrá que comenzar por vaciarse. Hasta entonces, yo no puedo darle ningún consejo, porque usted “se sobra” ...

• ¿Qué significa esta historia?
• ¿Quiénes son los “orgulloso” y quiénes son los “sencillos”?
• ¿Quiénes son los preferidos de Jesús?... (Los sencillos, los pobres, los necesitados. Jesús sabe que serán éstos los que reciban la Palabra sin sobrarse).
• Por eso, vamos a comparar esa historia con el evangelio, leyendo algunas de las frases más importantes: 

– “Bendito seas, Padre, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos” – “Bendito seas, porque se las has revelado a la gente sencilla”
– “Aprended de mí, que soy sencillo y humilde”

• ¿Cuándo nos comportamos así?

29 junio 2020

Domingo XIII del Tiempo Ordinario – 28/06/2020

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: … El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mi”

Estas son algunas de las palabras que leemos en el Evangelio de este domingo. La cruz es un acontecimiento, que ha llegado a ser un símbolo. Jesús la ha tomado sobre sus hombros y ha muerto en ella, la cruz, en el lenguaje cristiano, ha llegado a ser el símbolo del sufrimiento y dolor humano. “llevar la cruz” es sinónimo de padecer. En este sentido, la cruz es lo que nos pone en comunión o nos iguala a todos.

Si, todos llevamos nuestra cruz. Si, a veces, nos parece que solo las cosas nos van torcidas a nosotros, mientras que todos los demás gozan o se complacen, es solo porque conocemos nuestra cruz y no la de los demás. Somos nosotros como aquel enfermo, que se vuelve y se revuelve en la cama encontrándola incomoda, y en torno a si, fuera, ve otros lechos bien arreglados y allanados, e imagina que se debe estar bien en ellos. Mas, si por fin consigue cambiarse a ellos, comienza a sentir asimismo en ellos bien aquí un hueco, bien un nudo que le pincha o que le oprime.

Jesús no ha venido a la tierra para llevar la cruz. El, mas bien, nos ha dado a nosotros, el modo de llevarla. Le ha dado a la cruz un sentido y una esperanza: ha revelado donde ella conduce, si es llevada junto a el: a la resurrección y a la alegría.

Pero, ¿Cómo hacer comprender la palabra cruz a una sociedad como la nuestra, que a la cruz opone el placer a todos los niveles: que cree haber rescatado finalmente el placer, haberlo sustraído a la injusta sospecha y a la condena, que pesaban sobre el, que ensalza himnos al placer, como en el pasado se exaltaban los himnos a la cruz? ¿Una cultura del placer ha recibido hasta el apelativo de hedonista y de la que hasta, quien o mas o quien menos, todos formamos parte, aunque la condenemos de palabra?


Muchas incomprensiones entre la Iglesia y la cultura laica. Nosotros, al menos, podemos intentar concretar donde reside la verdad y descubrir que posiblemente hay un punto del que partir para un dialogo sereno entre la fe y la cultura sobre este tema. El punto común es la constatación de que en esta vida el placer y el dolor se siguen uno al otro con la misma regularidad con que al remontarse una ola en el mar le sigue una depresión y un vacío, que arrastra detrás al naufrago, que intenta alcanzar la orilla. El placer y el dolor están contenidos de modo enmarañado el uno en el otro.

El hombre busca desesperadamente separar a estos dos “hermanos” aislar el placer del dolor. A veces, se ilusiona de haberlo conseguido y en el gozo lo olvida todo y celebra su victoria. Pero, por poco tiempo. El dolor esta allí. No un dolor distinto, independiente, o dependiente de otra causa, sino precisamente el dolor que proviene del placer.

El mismo placer desordenado es el que retuerce contra nosotros y se nos transforma en sufrimiento. Y esto o improvisado o trágicamente o un poco a la vez, en cuanto que no dura por largo tiempo y engendra saciedad o aburrimiento. Es una lección, que nos llega de la crónica diaria, si la sabemos leer y entender.

La iglesia dice tener una respuesta que dar a esto y es el verdadero drama de la existencia humana. La explicación de esta. Desde el principio, ha habido una elección del hombre, hecha posible desde su libertad, que lo ha llevado a orientar exclusivamente la capacidad de la alegría, de la que había sido dotado para que aspirase a gozar del Bien infinito, que es Dios, hacia las cosas invisibles.

Dios ha permitido que al placer, escogido contra la ley de Dios y simbolizados en Adán y Eva, que gustan del fruto prohibido, le siguiese el dolor y la muerte, mas como un remedio que como un castigo. Y ello para que no sucediese, que siguiendo su egoísmo y su instinto el hombre se destruyese del todo y cada uno destruyese a su prójimo. Así, junto al placer vemos vincularse ya, como su sombra, el sufrimiento.

Cristo, finalmente ha destrozado esta cadena. El ‘por el gozo que se le proponía, soporto la cruz, sin miedo a la ignominia” (Heb 12,2). Hizo en suma, lo contrario de Adán y Eva y todo hombre. Resucitado de la muerte, el ha inaugurado un nuevo genero de placer, que no precede al dolor, como su causa sino que lo sigue como su fruto: el que encuentra en la cruz su fuente y la esperanza de no terminar ni siquiera con la muerte.

Y no solo el placer puramente espiritual sino todo el placer honesto, tras el placer, que sigue al sacrificio y lo que le precede o lo evita, existe la misma diferencia que entre una bonita vacación gozada tras la fatiga y después de haber pagado con anticipo el precio y una vacación vivida antes de haberla merecido con la sensación de que la cuenta esta aun sin pagar.

¿Que hacer por lo tanto? No se trata de irse en busca del sufrimiento, sino de aceptar con animo nuevo el que ya existe en nuestra vida. Nosotros podemos comportarnos con la cruz como la vela con el viento. Si ella lo recoge por la parte justa, el viento la hincha y la hace avanzar ligera a la barca sobre las olas, si, por el contrario, la vela se pone detrás, contra la corriente, el viento rompe el árbol, y lo echa todo a perder en el mar. Tomada bien, la cruz nos arrastra, tomada bien, nos deja para el arrastre.

No debemos malgastar el sufrimiento. El sufrimiento se desperdicia si hablamos de el todo el tiempo, sin necesidad o utilidad, lamentándonos de nuestros males con la primera persona que tengo cerca. Esto no es llevar la cruz, sino ponerla sobre los hombros de los demás. Deberíamos, mas bien, custodiar o guardar celosamente cualquier pequeño sufrimiento como un secreto entre nosotros y Dios, para que no pierda su perfume por ello.

Saber sufrir algo en silencio es una de las cosas que mas contribuyen a mantener la paz y la armonía entre las familias, en una pareja, o en una comunidad.

Como cristianos no debemos tener miedo al placer cuando este viene acompañado del cumplimiento del deber. Hay personas, que tienen miedo al placer. Les parece pecado, por abandonarse a el con alegría. El placer es de Dios y Dios no esta celoso de lo que ha creado. Aprendamos, a aceptar las alegrías, que existan en nuestra vida, y a agradecérselas a Dios, sin estar lamentándonos todo el tiempo por estas cruces. Finalmente saber alegrarse y gozar de las cosas buenas es el mejor modo de satisfacción y alegría da los demás.

¿Qué puedo hacer por tí?

Eliseo muestra la cercanía De Dios en forma de bondad, de bienes compartidos, de fertilidad para su pueblo.

El profeta es un testigo dispuesto siempre a hacer el bien a las personas que le rodean. Disponibilidad que es testimonio de su fe en Dios.

Muchas veces nuestros problemas, nuestra propia vida, nuestra fragilidad, hace que nos encerremos en nosotros mismos creyendo que nuestro problema personal es el único problema del mundo y de la humanidad.

Saliendo de nosotros mismos, podemos descubrir la solidaridad y la necesidad de ayudarnos mutuamente. La solidaridad en tiempos de angustia es siempre gratificante.

Muertos al pecado.

Los cristianos hablamos mucho del pecado, pero no lo entendemos. Pablo lo explica en término de muerte-vida. Si lo explicásemos como “negación de nosotros mismos”, con pecado nos negamos nuestra felicidad. El Cristiano es liberado por la muerte y la Resurrección de Jesucristo. Una vida de nuevas relaciones con Dios y con los demás.

La opción por el Reino.

La opción por Jesús y por sus medios de acción (la misericordia) así como sus objetivos (la justicia, el amor y La Paz), siempre traerán enemistad, ruptura... hacia los que trabajan con otros afanes y otros métodos. Es evidente que el planteamiento de Jesús y su reinado no utiliza los medios ni los métodos del poder y de la fuerza o la guerra.

La opción por Jesús y su reino está cargada de radicalidad y de prioridades: antes que la propia familia, las amistades y por supuesto las cosas (dinero, negocios, intereses...).

El mensajero, en su misión, tiene que llevar la propia cruz y parte De la Cruz de los demás porque forma parte de sus actividad misionera. Es una forma de testimonio y convicción.