19 septiembre 2020

XXV Domingo del Tiempo Ordinario – 20/09/2020

 “Id también vosotros a mi viña”

1.- ¿Es aceptable el modo de actuar del propietario, que proporciona la misma paga a quien ha trabajado una hora y a quién ha trabajado el día completo? ¿Esto no destruye el principio de justa recompensa?


La dificultad nace del error. ¿Se considera el problema de la recompensa en general o en referencia a la recompensa eterna en el cielo?

Visto así contradice el principio: “Dios dará a cada cual según sus obras” (Rom 2, 6). Jesús se refiere aquí a una situación concreta, el denario, que les viene dado a todos, es el reino de los cielos, que Jesús ha traído a la tierra; es la posibilidad de entrar a formar parte de la salvación.

La parábola comienza diciendo: “el Reino de los cielos se parece a un propietario, que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña”.

Por lo tanto el tema central es el Reino de los cielos.

El problema es el de la división: entre hebreos y paganos; justos y pecadores, en relación a la salvación anunciada por Jesús.  Además si los paganos (pecadores, publicanos, prostitutas…), se han decidido por Dios ante la predicación de Jesús, mientras antes estaban lejos, no ocuparán una posición distinta en el Reino de los cielos. También ellos estarán sentados en la mesa del Reino de los cielos.

Dado que ellos tienen mas disponibilidad para acoger el Evangelio, que los llamados justos (fariseos y escribas), se cumple la conclusión de la parábola: “los últimos serán los primeros y los primeros últimos”.


Una vez abrazada la fe, si hay diferencias. En este caso, ya no es idéntica la recompensa de quien sirve a Dios durante toda la vida haciendo trabajar sus talentos al máximo, que respecto a quien sólo da a Dios los desechos de una vida con una confesión puesta como remedios, en el último momento.

Si Jesús hubiera puntualizado lo que ocurre al día siguiente cuando los obreros ya conocen el camino a la viña, la conclusión habría sido distinta. El propietario ya no habría dado la misma recompensa a quién se hubiera presentado a las cinco de la tarde, que a quién había “aguantado el bochorno del día”

¨     El amor de Dios es gratuito, no está ligado a nuestras “obras,” más o menos generosas, ni a nuestras jornadas en su viña, desde el amanecer o solo desde el atardecer de la existencia. Las “obras” no son el motivo para que Dios nos ame; su amor es gratuito; las obras son consecuencia de ese amor; nuestra correspondencia. 
¨     Tenemos que imitar en nuestros comportamientos con los demás el modo de actuar de Dios, la manera que tiene de pagar a sus jornaleros. Lo dice muy claramente el profeta Isaías en la primera lectura: «mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos...», mis planes y mis caminos son más altos que los vuestros, es decir, son más generosos ..., es bueno con todos, es cariñoso con todas las criaturas..., con los de última hora y con los de la primera. Hace salir el sol sobre buenos y malos...
¨     Dios nos desconcierta. Jesús nos sorprende y nos descoloca con esta parábola, como con tan- tas otras, como nos desconcierta la actitud y el comportamiento del padre con el hijo de la parábola, que se marchó de casa. Tenemos que reconocer que, en el fondo, a veces, no nos convence este modo de actuar, nos enfadamos un poco o un mucho, como los jornaleros de la primera hora, como el hijo mayor que no quiere asistir a la fiesta, alegrarse por el retorno del hermano en la ultima hora...

Es una parábola que pone en crisis a aquellos que quieren encajar el modo de actuar de Dios en sus maneras humanas de pagar, en su visión de la recompensa de Dios, en su idea de la bondad y la gracia de Dios como premio a nuestro buen hacer.

Pero podríamos preguntarnos ¿dónde está la clave para no enfadarnos, sino para alegrarnos de que al último se le haya dado como al primero?

Hemos tenido la suerte de que durante toda nuestra vida hemos conocido a Jesucristo, hemos tenido fe desde pequeños, nos enseñaron a rezar casi a la vez que aprendíamos a hablar. He podido creer y recibir la eucaristía tantas veces. He podido orar el padre nuestro cada día. He encontrado la esperanza y la consolación en el amor de Dios... Trabajar todo el día no es un esfuerzo, sino una gracia. Servirle desde siempre no es un peso sino una enorme alegría. Conocemos a Jesús desde siempre..., y eso es un don suyo, no la recompensa a nuestro esfuerzo. Los de la última hora reciben también el don del abrazo del padre..., pero podríamos decir que se han perdido muchos días, mucho tiempo, sin estar en la casa del padre. Se fueron, vuelven y se les recibe con alegría, pero dejaron mucho tiempo de estar en familia, de disfrutar del hogar y del cariño del Padre.

2.- Dios llama a todos y llama a todas horas.
Hay una llamada universal a trabajar en la viña del Señor. Quizás sea mas un problema sobre la llamada, que sobre la recompensa.

San Juan Pablo II dijo: “los fieles laicos pertenecen al pueblo de Dios, representado en la viña. La invitación “id también vosotros a mi viña” no cesa de resonar desde aquel día. Se dirige a todos, hombres y mujeres de este mundo… la llamada no se dirige sólo a los Pastores, sacerdotes, diáconos, religiosos… se extiende a todos, todos somos llamados personalmente por Dios”

¿Qué significa para ti ir a la viña del Señor?
La “viña” a la que estás llamado a trabajar, es tu mundo concreto, en tu realidad cotidiana. Es una llamada a vivir la santidad en tu trabajo diario, en tu relación con los demás… debemos santificarnos en la ordinaria vida profesional y social.

3. El problema del paro. “¿Cómo es que estáis aquí sentados sin trabajar? Nadie nos ha contratado” Esta misma respuesta podría ser dada por miles de personas hoy día. Al utilizar esta situación en la parábola pensamos que Jesús no es insensible a este problema. Si él describe también la situación, es porque él ha observado muchas veces esta situación y ha mirado a los desempleados con una mirada compasiva.

4. Hemos explicado que significa desde el plano espiritual y simbólico el hecho de que el propietario dé la misma paga a todos los trabajadores, independiente del tiempo que hayan trabajado. ¿Qué nos dice este proceder desde el plano humano? Aquel propietario sabe que los trabajadores de la última hora tienen las misma necesidades que los que comenzaron a trabajar a la primera hora. Dando la misma paga, el propietario demuestra no tener en cuenta el mérito, sino la necesidad. Muestra, ser bueno, generoso y humano.

El problema de paro, es económico, pero también humano. La persona desempleada se siente inútil, como si la sociedad la hubiera olividado y ella estuviese de más en el mundo. Estas palabras servirán poco, a los que están desempleados, pero sirvan para estar menos solos y arrinconados

No olividemos que todos estamos llamados a trabajar en la viña de Señor para alcanzar la eterna recompensa.

18 septiembre 2020

Comuniones y Confirmaciones Septiembre 2020








12 septiembre 2020

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario – 13/09/2020

¿Cuántas veces tendré que perdonar?

El tema del Evangelio de este domingo es el perdón. Pedro le pregunta a Jesús: “si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces tengo que perdonar?

Setenta veces siete, es la respuesta, es igual que decir: siempre. El perdón es una cosa seria, humanamente difícil, pero no es imposible.  No se debe hablar a la ligera, sin darse cuenta. Junto con el mandato de perdonar, es necesario ofrecerle a la persona un motivo para hacerlo.
Este motivo, Jesús lo explica mediante la parábola.

Un rey tenía un siervo, que le debía diez mil talentos. Una cifra muy elevada. Ante esta petición del siervo, el rey le perdona la inmensa deuda. Habiendo salido afuera, aquel siervo encuentra a un compañero que le debe una mínima cantidad, cien denarios. Del mismo modo, éste le suplica, empleando las mismas palabras, que él había empleado con el rey, que le perdonase. Pero no lo perdona y lo manda a prisión. ¿No debías tu también tener compasión de tu compañero, como yo tuve de tí?

Jesús concluye, “lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”

¿Por qué debo perdonar siempre? Porque Dios me ha perdonado primero y lo sigue haciéndolo  siempre. Jesús no se limita a ordenarnos que nos perdonemos, el motivo es que él nos ha perdonado primero. Mientras lo clavaban en la cruz: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”

No solo los perdona, los excusa. Actuando así, Cristo nos ha dado ejemplo de perdón, y nos ha dado la Gracia de perdonar. Nos ha dado una fuerza y una capacidad nueva, que no viene de la naturaleza sino de la fe.

San Pablo dice: “Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” (Col 3, 13). Ha sido superada ya la ley del talión “ojo por ojo, diente por diente”, el criterio no es: lo que el otro te ha hecho a tí, házselo tu también; sino que es: “lo que Dios te ha hecho, hazlo tu también al otro”. El perdón Cristiano en esto va más allá del no re-sentimiento.

Esto quiere decir que hemos de ir despacio en la exigencia de la práctica del perdón, incluso para las personas que no comparten nuestra fe.  Esto no surge de la ley natura o de la simple razón humana, sino de Evangelio. Nosotros debemos preocuparnos de practicar el perdón, más que exigir que lo hagan los demás. Debemos demostrar con hechos  que el perdón y la reconciliación hasta humana y políticamente hablando es la vía mas eficaz para poner fin a los conflictos. Es mas eficaz que la venganza y la represalia, porque rompe la cadena del odio.

¿Perdonar siempre alimenta la injusticia y la prepotencia? No, el perdón cristiano no excluye que tu puedas también, en ciertos casos, denunciar a la persona y llevarla ante la justicia, sobre todo cuando están en juego los intereses de los otros.

Hay perdones para casos muy graves, y hay perdones de cada día: en la vida en pareja, en el trabajo, entre familiares, entre amigos, colegas, conocidos... ¿Qué hacer cuando uno descubre que ha sido traicionado por el cónyuge? ¿O en el trabajo? ¿Perdonar?...
Se verifica lo dicho por Jesús: “¿Quién de ellos le amará mas? Respondió Simón: supongo que aquel a quien perdonó mas” (Lc 7, 42-43)

Algunos dicen: “yo quiero perdonar, pero no lo consigo”. No consigo olvidar, apenas veo a aquella persona, y no puedo olvidar” Es normal que se reaccione así. Lo importante no es lo que tú sientes sino lo que tu quieres. Si quieres perdonar, si lo deseas, ya has perdonado. No debes conseguirlo por tí mismo la fuerza de perdonar, sino de Cristo.

Tenemos que estar atentos: podemos pensar que siempre somos acreedores de perdón y nunca tenemos deudores. Si lo pensamos bien,  cuando vamos a decir “Te perdono” diríamos: “perdóname”. Más importante que perdonar es pedir perdón.

Jesús ha resumido toda la enseñanza del perdón en pocas palabras, que ha incluido en la oración de Padre nuestro, para que frecuentemente nos acordemos: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Esforcémonos en perdonar a quién nos ha ofendido; de otra manera, cada vez que nosotros solos repetimos estas palabras pronunciamos nuestra misma condenación.

08 septiembre 2020

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Ya se pueden hacer encargos de la maqueta de la Parroquia. Son unos sobres que contienen las piezas e instrucciones para montar una maqueta del edificio de aproximadamente 20 centímetros de largo y 15 de ancho y alto. Su precio es de 20 € y los beneficios serán destinados a fines parroquiales. Vídeo:

06 septiembre 2020

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario – 06/09/2020

El tema de nuestra reflexión este domingo es la corrección fraterna.
Esta forma de corregir exige una libertad interior y una gran madurez, por eso es bastante difícil.

La convivencia esta llena de contrastes, conflictos y errores, debido al hecho de que somos distintos por temperamento, por puntos de vista y por gustos.

1.- Jesús presenta el caso de uno que había cometido algo, que es erróneo: “si tu hermano peca...”
No lo restringe al campo sólo a una culpa cometida en relación con nosotros. Es prácticamente imposible distinguir si a la hora de movernos es el celo por la verdad o si por el contrario, no es nuestro orgullo. En este sentido sería una autodefensa y no corrección fraterna.
¿Por qué dice Jesús repréndelo a solas?
Por el respeto y por la dignidad del hermano. Cuando la corrección se hace pública, todo cambia. Sería bien difícil que una persona acepte la corrección en público.

Dice además “ente los dos”, para dar la posibilidad a la otra persona a poder defenderse y explicar con toda libertad lo realizado. Muchas veces, lo que a un observador externo le parece una culpa, en la intención de quien la ha realizado no lo es. Muchas veces una explicación elimina los malentendidos. Pero esto no es posible cuando se hace público.
¿Has corregido alguna vez a alguien en público? ¿Y en privado? ¿Te han corregido en público?¿Y en privado? ¿Que diferencia hay? ¿cuál es la opción que tu prefieres para que te corrijan?

2.- ¿Cuál es según el evangelio, el motivo último por el que es necesario practicar la corrección fraterna?
No es por demostrar los errores de los demás y demostrar nuestra superioridad.
La finalidad es para “ganar a un hermano”, esto es, buscar el bien del otro. Para que pueda perfeccionarse y no tener desagradables consecuencias, buscar en definitiva su salvación eterna.

La corrección recíproca, si es hecha con el espíritu del Evangelio, es algo bello. Cuando por cualquier motivo no es posible corregir fraternalmente de cara a cara, según el evangelio hay algo que se necesita evitar hacer a la persona que ha errado y es divulgar la falta del hermano, hablar mal de él y hasta calumniarlo, dando por probado lo que no lo es o exagerando el error.

El mal, las malas noticias y los escándalos de hoy tienen muchos canales de difusión a lo que no es necesario añadir otros. Hemos de proponernos ser el término del mal, que con nosotros termine esa transmisión: habladurías, calumnias... que nosotros no les demos importancia o incluso las olvidemos. Cada vez que esto acontece es una victoria del bien sobre el mal. El mundo resulta un poco mas limpio.

Una vez, una mujer fue a confesarse con San Felipe Neri, acusándose de haber hablado mal de algunas personas. El santo la absolvió, pero le impuso una extraña penitencia. Le dijo que debía ir a su casa, coger una gallina y volver donde él estaba desplumándola bien a lo largo del camino. Cuando estuvo de nuevo delante de él, le dijo: ahora vuelve de nuevo a casa y recoge cada una de las plumas, que has dejado caer. La mujer le dijo que era imposible: el viento las había dispersado. San Felipe le dijo: ¿ves cómo es imposible recoger las plumas? También es imposible recoger las murmuraciones y las calumnias una vez que han salido de nuestra boca.

3.- No siempre depende de nosotros, que tenga éxito la corrección fraterna. Quien quiera corregir debe estar dispuesto a aceptar una corrección. Cuando veías a una persona, que recibe una observación, o la oís con sencillez: “Tienes razón, gracias por decírmelo” estamos ante una persona humilde.

Evitad que la corrección sea un acto de acusación o crítica. Aprovechar la corrección para evidenciar todo lo bueno que tiene esa persona y lo mucho que esperamos de ella, de manera que la corrección sea para crecer y animar que para destruir y descalificar.

No es fácil, en cada uno de los casos, entiende el si es mejor corregir o dejar hablar o callar. Por eso es necesaria la regla de oro del apóstol de la segunda lectura: “a nadie le debáis nada, mas que amor... uno que ama a su prójimo no le hace daño”

4.-El texto que la liturgia nos ofrece en este domingo tiene como núcleo particular el perdón. Al final, Jesús ofrece el principio donde se inspira todo el proceso que acaba de describir: la oración, la experiencia espiritual. La gestión evangélica de los conflictos debe tener un ambiente de encuentro con Dios: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo, en medio de ellos”. Y se hace referencia a la oración en común, que es escuchada por el Padre. Detengámonos en este perdón que el Señor nos pide. Dios ha creado al hombre para la solidaridad, para el amor mutuo. Pero el hombre, en los inicios, eligió su propio yo frente al otro, frente al amor y la fraternidad. A la pregunta de Dios por el hermano, responde con una respuesta insolidaria y egoísta: “acaso soy yo guardián de mi hermano”.

El individualismo continúa elaborando esta respuesta y la justifica de mil maneras. Y, sin embargo, Dios nos sigue pidiendo que seamos guardianes de nuestros hermanos. En la comunidad cristiana todos somos guardianes unos de otros; todos custodios de nuestros hermanos, precisamente por esa presencia de Cristo Resucitado en medio de la fraternidad. Sin esta realidad comunitaria no es posible entender el perdón del que nos habla Jesús. La comunidad necesita en su interior una serie de fuerzas que la construyen y la cohesionan. En ella debe reinar la paz, la concordia, las relaciones interpersonales, la acogida mutua, la comprensión, el respeto mutuo etc. Pero no podemos olvidar que está construida sobre instrumentos débiles que con facilidad pueden desviarse hacia el individualismo y la ruptura de la comunión. La comunidad debe ejercer en esos momentos las funciones más decisivas de la fraternidad: la búsqueda de la reconciliación. No es necesario que interpretemos desde nuestras categorías y circunstancias las diferentes modalidades que el texto ofrece. La enseñanza del evangelio va al fondo de la cuestión: construir puentes, dialogar, escuchar, acoger la diversidad, buscar modos para restaurar la paz, facilitar el perdón…son actitudes que debemos cultivar para fomentar en la sociedad y en la Iglesia esa cultura del encuentro, en la que tanto insiste el Papa Francisco.

03 septiembre 2020

Consolación 2020

 

29 agosto 2020

XXII Domingo del Tiempo Ordinario – 30/08/2020

1.- “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a si mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá, pero el que la pierda por mi se salvará”

“Negarse a sí mismo, cargar la cruz” ¿Cómo hacer para aceptar estas palabras y vivirlas?
San Pablo lo experimentó y afirma en Rom 1, 16: “yo no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza De Dios para todo el que cree”
El camino cristiano consiste en ir detrás de Jesús, y caminar detrás de Jesus consiste en “negarse a sí mismo y cargar con la propia cruz”

¿Qué significa negarse a sí mismo? ¿Es posible negarse a sí mismo?
Jesús no nos pide renegar de lo que somos, sino de lo que hemos llegado a ser. Somos imagen De Dios, somos por ello algo muy bueno. Lo que hemos de negar no es de lo que Dios ha hecho sino de lo que hemos hecho nosotros, usando mal la libertad. Lo que hemos de negar en nuestra vida es el pecado.
Negar significa “volver a encontrar” “Quien pierda su vida por mi, la encontrará”

Un ejemplo en el campo de la pintura: hay cuadros que con el pasar del tiempo se han oxidado y ennegrecido, tanto que con dificultad se puede distinguir lo pintado. Para llevarlos a la forma original es necesario limpiarlo.
Nosotros nos asemejamos a este ejemplo, la belleza De Dios, que nosotros debíamos ser, ha sido recubierta y no se puede ver.

“Negarse a sí mismo” es una acción para la vida, para la belleza, para la alegría.
Negar significa decir “no”. Se trata entonces de decir: “no”. A veces tenemos la tentación de actuar mal, y nos preguntamos, ¿Qué mal hago? ¿A quien molesto? Si soy capaz de decir “no” a esa tentación para no ensuciarte, has renegado de sí mismo.
Hay muchos ejemplos, busca y piensa en que momentos eres capaz de “negarte a tí mismo”
Cuando te dominas, dices no. Has conseguido una victoria.

Otro ejemplo: dos jóvenes se aman. Pero cada uno habla una lengua distinta. Si su amor quiere sobrevivir y crecer en necesario que uno de los dos aprenda la lengua del otro. Sino será imposible la comunicación y su amor no duraría. Así sucede entre Dios y nosotros. Nosotros hablamos el lenguaje de “la carne”, el Señor su lenguaje es “el del Espíritu”. Nosotros hablamos el lenguaje del egoísmo y Cristo habla el del amor. Negarse es aprender el lenguaje De Dios.

¡Cuantas renuncias, cuantas negaciones de sí se practican cada día sin pensarlo: para dejar contentar a los que nos aman! Y no se hace con tristeza sino con alegría.

2.- Satanás. ¿Le dijo Jesús a Pedro: eres Satanás para mí? ¿A qué se refería, que quiso decir? Satanás significa la tentación, el que busca apartarnos del bien, que hagamos algo malo. Jesús le dice a Pedro: me estás tentando a dejar el destino que el Padre me ha marcado.

Pedro le había dicho “tu eres el Hijo De Dios vivo, el mesías”, cuando ahora escucha hablar De la Cruz y de la negación, no entiende la situación. El plan De Dios para salvarnos está en desacuerdo y conflicto con el poder del mundo.
¿Tengo la misma experiencia de Pedro? ¿Al sentir la cruz, se derrumba mi fe? ¿Comprende que la fuerza del demonio debe ser vencida? ¿Estoy dispuesto a renunciar a la fuerza de Demonio?

22 agosto 2020

XXI Domingo del Tiempo Ordinario – 23/08/2020

Vosotros, ¿Quién decís que soy yo?

Jesús quiso saber la opinión de sus discípulos. A Jesús no le interesaba medir el nivel de su popularidad o el índice de su aceptación por la gente. Su finalidad era bien distinta, por ello les pregunta: “y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Esta segunda pregunta por inesperada les descoloca. Si en la primera pregunta todos respondieron, a esta segunda pregunta sólo responde Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo De Dios vivo”.

Entre las dos respuestas hay un abismo, una conversión, si en la primera pregunta era necesario oír la opinión de la gente, ahora, deben mirarse hacia dentro, escuchar una voz bien distinta, que no viene ni de la carne ni de la sangre sino del Padre.

Según los Evangelios, es el primer reconocimiento de la verdadera identidad de Jesús de Nazaret. El primer acto acto público de fe en Cristo en toda la historia.
Pensemos en la estela producida en el mar por un navío, esa avanza hasta que el navío va a perderse en el horizonte. Pero, comienza con la punta, que es la misma punta del navío. Así es la fe en Jesucristo. Ella es la estela que ha ido alargándose en la historia. Y comienza con el acto de fe de Pedro, “Tú eres el Mesías, el Hijo De Dios vivo”.

Jesús usa otra imagen: “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Jesús le cambia el nombre ha Simón, como se hace en la Biblia cuando uno recibe una misión importante: lo llama Cefas, roca. La verdadera roca, la piedra angular, es y permanece siendo él mismo, Jesús. Pero una vez resucitado y ascendido al cielo, esta piedra angular es invisible, a pesar de estar presente y operante. Es necesario un signo que la represente, que haga visible y eficaz en la historia este fundamento incuestionable que es Cristo. Y eso será precisamente Pedro, después de él, el Papa como sucesor.

Volviendo al sondeo, porque tiene una fuerte provocación para el hombre de hoy, este se desarrolla en dos tiempos y comporta dos cuestiones, nosotros no podemos dejar de plantear la pregunta: “¿En qué situación estamos? ¿Cuál es nuestra respuesta? Es fácil registrar opiniones sobre Jesús. Son incontables los libros que hacen referencia desde la filosofía, teología, literatura, ateos, etc. Todo esto permite a la persona permanecer neutral.

Entre Jesús y nosotros en este caso, se impone la pantalla protectora de las opiniones de los demás. No hay una decisión que tomar, sino preguntar a la gente y que opinen. Sin embargo cuando la pregunta es a mí, no hay escapatoria, hay que responder desde mi elección y conciencia, es como si de improviso un entrevistador te colocase el micrófono y tuvieses que responder.

Son pocos los que aceptan responder a esta segunda pregunta. Pero nosotros los creyentes debemos de dar respuesta.

El cristianismo permanece o se derrumba con esta fe. Existen edificios o estructuras metálicas hechas o construidas de tal manera, que si se quita o toca un cierto elemento se vienen abajo. Tal es el edificio de la fe cristiana, este es su punto neurálgico en la divinidad de Jesucristo.

16 agosto 2020

Domingo XX del Tiempo Ordinario – 16 de Agosto

San Roque, Glorioso Patrón de El Coronil.

Jesús en el transcurso de aquel mismo viaje durante el cual había multiplicado el pan y caminado sobre las aguas, llega cerca de Tiro y Sidón, al territorio habitado por paganos. Viene a su encuentro una mujer cananea, una pagana.

Hagamos un paralelismo entre la experiencia de fe de aquella mujer cananea y la experiencia de San Roque...

1.- Ella se pone a gritar “ten compasión de mí, mi hija tiene un demonio”. Está escrito que “Jesús no le respondió nada”, los apóstoles interceden por ella, no por amor, sino porque ella continúa gritándoles.

2.- Jesús responde “sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. En esta situación ¿qué habríamos hecho nosotros? Probablemente nos hubiéramos ido, ofendido, escandalizados y murmurando entre nosotros. ¿Este es el modo de tratar a la gente por parte de uno que se hace pasar por amigo de los pobres y de los afligidos?. La cananea no se ofende, al contrario, se le acerca y se postra delante diciéndole “Señor, socórreme”. Ante el rechazo ella intensifica la plegaria y la espera.

3.- Tercera palabra dura: “no está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Hijos son los descendientes de Abraham y perros son los paganos. Ella se mantiene firme de nuevo ante estas palabras, podemos comparar esta situación con una competición de salto de altura, a cada salto conseguido, el listón se eleva algún centímetro, en la fe sucede lo mismo. A cada dificultad superada, Dios levanta el listón, aumenta la exigencia, nos pide un acto de fe, aún más difícil. Así fue el salto final de la cananea: “los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Y Jesús contesta: “mujer qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”.

El evangelio habla del milagro de la curación de la hija, pero hay otro milagro mayor, aquella mujer ha llegado a ser una creyente, una de las primeras creyentes procedente del paganismo, antepasada nuestra.

-Si Jesús la hubiera escuchado a la primera pregunta, lo único que hubiera conseguido la mujer habría sido la curación de su hija. Jesús es un buscador de fe.

Una de las causas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas, Dios parece sordo, la cananea ocupa un papel de perseverancia en la oración.

Ante la pregunta, ¿cómo se puede tratar así a una madre afligida? Ya sabemos lo que había en el corazón de Jesús. Dios por tanto escucha siempre, si no escuchar es ya un socorrer. Cuando se retarda el oír de Dios, hace que nuestro deseo crezca, que el objetivo de nuestra oración se engrandezca, que pasemos de las cosas materiales a las espirituales, de las pequeñas a las grande, que Él pueda darnos más de lo que inicialmente veníamos a pedirle.

Pocas páginas de evangelio tienen un ejemplo tan fuerte en la vida cristiana, aquella mujer ha llegado a ser hija de Abraham porque “ha hecho la obra de Abraham”, ha creído.

Un gran admirador de la cananea fue san Agustín, él la recuerda cuando habla de la necesidad de orar sin cansarse.

En uno de los discursos del Señor dice: “pedid y se os dará, buscad y encontraréis...” Y así “la mujer cananea, pidió, buscó, llamó...” Hagamos de igual forma nosotros lo mismo y experimentaremos los milagros del Señor.

Aplicaciones. La interpretación que hacemos de hechos: en el Vaticano II la Iglesia abría sus ventanas a revisar criterios nacidos de situaciones históricas, se sintió llamada a actualizarse. Jesús nos llama a abrir nuestros criterios: a abrirnos con un gran corazón, dispuesto a descubrir y aceptar que se nos enseñe donde quizá menos podemos esperarlo, desde aquellos que llamamos no creyentes, desde amigos, desde los pobres (que nos evangelizan), desde acontecimientos que vemos con nueva interpretación. ¿La misma Eucaristía no nos enseña a veces algo absolutamente nuevo?  

San Roque, Ruega por nosotros.

Amén

15 agosto 2020

Sábado 15 de Agosto - Solemnidad de la Asunción de la Virgen María al cielo

Ntra. Sra. De los Remedios, Patrona de El Coronil

Celebramos la fiesta de la Asunción de la Virgen, en la cual recordamos que María ha entrado en la gloria en cuerpo y alma, detrás de Cristo, como primicia de la Resurrección futura. La constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II dice: “La madre de Jesús, de la misma manera que ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y principio De la Iglesia, que ha de ser consumada en el futuro, así en esta tierra hasta que llegue el día del Señor, antecede con su luz al pueblo De Dios peregrinante, como signo de esperanza y de consuelo”.

Contemplamos a María como signo de lo que la Iglesia será. Nadie ha sufrido más con Cristo que Ella, y nadie, por ello, es más glorificada con Cristo que María.
¿En qué consiste la gloria de María? Hay una gloria de María que podemos ver en la tierra. ¿Qué criatura humana ha sido más amada e invocada, en la alegría, en el dolor y en el llanto? ¿Qué nombre ha brotado más frecuentemente que el suyo en los labios de los hombres? ¿Y esto no es gloria? ¿A qué criatura después de Cristo, han enaltecido los hombres con más plegarias himnos y catedrales? “Me felicitarán todas las generaciones” había dicho María de sí misma y veintiún siglos después demuestran que fue una verdadera profecía.

Grande ha sido en la tierra la gloria de María. ¿Qué es la gloria De Dios? La gloria De Dios es, Dios mismo, en cuanto que su ser es luz, belleza, y esplendor, pero sobre todo Amor. Gloria es el esplendor De Dios. La verdadera gloria de María consiste en la participación en esta gloria De Dios. En estar ya “llena de gracia”, en esta gloria María realiza esta vocación que toda criatura y la Iglesia ha sido creada: “Alabanza de la Gloria”. María alaba a Dios y alabando se alegra, goza y exulta.

¿Qué parte tenemos nosotros en el corazón y en los pensamientos de María? ¿Nos ha olvidado en su gloria? Como Esther, introducida en el palacio del Rey, ella no se ha olvidado de su pueblo, sino que intercede por él.

María intercede. De Jesús resucitado se ha dicho que intercede por nosotros ante el Padre, María intercede por nosotros ante el Hijo.

La mediación de María es subordinada a la de Cristo, no la oscurece, sino al contrario la pone a plena luz. En este sentido la función de María puede ser ilustrada con la imagen de la luna. La luna no brilla con luz propia, sino por la luz del sol, que recibe y se refleja en la tierra; y María no brilla con luz propia sino con la luz de Cristo. La luna hace luz de noche, cuando el sol se ha puesto y antes de que surja de nuevo; María ilumina con frecuencia a quienes atraviesan la noche de la fe y de la prueba, o que viven en las tinieblas del pecado, si se dirigen a ella y la invocan.
Cuando por la mañana surge el sol la luna se aparta y no pretende competir con él.

Todo esto es lo que María es y hace por nosotros, ¿y nosotros he debemos de hacer por Ella?

Contemplemos a María que sube al cielo en cuerpo y alma, “que esté en cada uno el alma de María para magnificar al Señor, que esté en cada uno el espíritu de Maria para exultar a Dios”.

Nuestra Señora de los Remedios, Ruega por nosotros.

Amén