11 julio 2020

Domingo XV del Tiempo Ordinario – 12/07/2020

1.- El tema central de la liturgia de la hoy, es la Palabra de Dios. En la Primera lectura de habla de ella con la imagen de la lluvia que desciende del cielo, que riega la tierra, para fecundarla y que pueda dar semilla al sembrador y pan al que tiene que comer. En el Evangelio se vuelve a hablar de la Palabra de Dios, esta vez con la imagen de las semillas que cae sobre sobre piedras, o sobre abrojos y espinas o que cae en tierra buena.
Os invito a pensar a cerca de la ecología y la protección de lo creado.  En la segunda lectura san Pablo dice:  “la creación… pero fue con la esperanza de verse liberada de la esclavitud de la corrupción…”

Hay dos modos de hablar de la ecología y del respeto de lo creado:

1.    El primero tiene en el centro al hombre, no nos preocupan las cosas en sí mismas, sino que éstas están en función del hombre; por el daño irreparable que el agotamiento y la contaminación del aire, del agua, de la desaparición de ciertas especies animales ocasionaría a la vida del planeta. Es un ecologismo que se resume “salvemos la naturaleza y la naturaleza nos salvará a nosotros”.
Este ecologismo es bueno pero precario.

2.    La fe nos enseña que debemos respetar lo creado no sólo por intereses egoístas para no dañarnos a nosotros mismos, sino porque lo creado no es nuestro, sino de Dios, por eso es hermoso, armonioso, perfecto.
El hombre custodia la creación, pero no es el dueño. Entre nosotros y las cosas hay una relación de solidaridad y de fraternidad, no de dominio.

¿Cómo te acercas tu a las cosas, desde la primera posición o desde la segunda?


La ecología nos invita a volver a una vida sencilla y sobria, sin que la ecología sea un ideal que no podamos cumplir ni vivir. San Francisco decía: “no fui nunca un ladrón de limosnas”, pensaba que recibir mas limosnas de las necesarias, era robárselas a los pobres. Nosotros podemos aprender de él “a no ser ladrones de cosas”. Si agotamos los recursos (agua, madera…) porque usamos mas de lo que necesitamos, lo robamos a los otros. Si no a otros, a las generaciones que vendrán detrás de nosotros. ¿Qué cosas concretas, hago en el día a dia, para cuidar de la naturaleza? ¿pienso en las generación futuras?

El ecologismo espiritual nos lleva mas allá del respeto por lo creado. Nos enseña a unirnos a lo creado para dar gloria a Dios y también en relación a la creación, nos podemos acercar al conocimiento de Dios. Dios ha escrito dos libros, la Biblia y la creación. Este segundo está abierto ante todos. Nos habla Dios con imágenes como por ejemplo: la lluvia, la semilla, Dios como imagen de la roca…

Debemos aprender a contemplar. La contemplación es la aliada de la ecología. Ella nos permite gozar de las cosas sin necesidad de poseerlas y de impedirlas para los demás. La posesión restringe, sustrae… la contemplación multiplica.
Las parábolas de Jesús son la prueba del amor con que él contemplaba las cosas. Entre él y la naturaleza. Todo esto se encuentra expresado en el salmo responsorial de hoy, Sal 66, 10-14
Lee el salmo, y contempla la creación que tienes a tu alrededor, reconociendo la mano de Dios

2.- En el mundo de hoy se hacen cada vez más presentes las noticias y palabras falsas ( “fake news”), o las medias verdades que siembran sospechas, desconfianzas y miedo, o las descalificaciones denigrantes que estigmatizan públicamente a personas y colectivos. La palabra, vehículo de comunicación y diálogo de personas, aparece devaluada y pervertida.

Dios ha sembrado en el mundo su palabra con absoluta gratuidad. “La Palabra de Dios participa del triple nivel que tiene toda palabra: comunicación de algo, autocomunicación del que habla e interpelación que exige una respuesta”. Hemos proclamado la “Palabra del Señor”. Las lecturas de hoy revelan expresamente el sentido y alcance de la palabra del Reino.

La semilla:
Así lo explica Jesús desde una cultura agraria. La imagen del sembrador y la semilla subrayan esa cualidad de expandir la vida con absoluta gratuidad “para que dé semilla al sembrador y pan al que come”. El reino de Dios es algo tan misterioso y dinámico como una semilla en la que está el germen de la vida; pequeña, pero con una fuerza extraordinaria que la hace crecer y desarrollarse hasta dar fruto si encuentra un tierra buena y húmeda. Su ritmo de crecimiento es lento y oculto; un ritmo que no es el de la eficacia sino el de la fecundidad.
Alejada de la naturaleza, en la cultura moderna se habla más de productividad y eficacia de fecundidad. Y, en función de la eficacia y la eficiencia, la capacidad de lograr un efecto deseado con el mínimo de recursos posibles y en el menor tiempo posible, se rinde tributo y culto al crecimiento rápido y desarrollo. Aprended de la naturaleza, aprended de las plantas.
La palabra del Reino es de calidad y el sembrador la esparce con generosidad a toda clase de oyentes, con la esperanza, como toda siembra, de que producirá buenos frutos aun en medio de las dificultades de la vida. Pero lo primero que se espera del oyente es tener los oídos y el corazón abiertos para que la semilla de vida penetre y arraigue profundamente.

La Tierra:
La palabra de Dios cae en tierras diferentes y con diferente fortuna. La explicación alegórica de la parábola que ofrece Jesús, a petición de los discípulos, seguramente recoge también la experiencia de los apóstoles sembradores en las primeras comunidades.

Nos miramos en su espejo para descubrir qué clase de tierra somos y qué peligros nos amenazan. Actitudes interiores y dificultades exteriores que hacen estéril la buena semilla que recibimos y sembramos. ¿Por qué no todos aceptan el mensaje? ¿Por qué el evangelio de Jesús no produce el fruto deseado en nosotros y en todos sus oyentes?
- En unos, porque son tierra endurecida y sin fondo y la palabra de Jesús no va de acuerdo con los deseos o necesidades. No tienen profundidad interior, o se encierran en su propia cáp- sula, impermeables a todo lo que pueda desestabilizar su independencia. Viven en la superficie y la apariencia.
- En otros porque, aunque la acojan con entusiasmo, ante las dificultades, incomprensiones, ofensas o persecuciones les falta coraje y capacidad de resistencia.
- Otros andan agobiados por cubrir las necesidades básicas o alcanzar objetivos materiales a corto plazo. El evangelio refiere dos situaciones extremas y opuestas: “el agobio de la vida y la seducción de la riqueza”, que producen el mismo efecto: ahogar la palabra de Dios.
- En otros, sin embargo, la semilla da fruto. La llamada al realismo no permite el derrotismo ni anula la esperanza: Hay y habrá cosecha abundante.

Escuchar:
«El que tenga oídos que oiga». No es lo mismo oír que escuchar, ver que mirar, aprender lecciones que entender con el corazón los secretos del reino. ¿Qué tenemos que escuchar? Dios ha sembrado gratuitamente y a manos llenas la vida en la tierra que somos y confía en que dará fruto. Con la misma generosidad y
confianza nos corresponde prepararla y cultivarla.
- Cultivando en nosotros la esperanza en los valores del evangelio que nos revela Jesús y han de salvar al mundo: el amor, la fraternidad, la misericordia, la entrega generoso, la justicia, la paz...
- Asumiendo el sufrimiento y lentitud que acompaña el proceso de crecimiento de la vida nueva: los rigores del invierno para que arraigue y se fortalezca, la prisa por recoger el fruto y disfrutar de la vida sin pasar por los dolores de todo alumbramiento. «La creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto».
- Dejándose afectar por la llamada y mirada de los otros a través de los que Dios mismo nos habla. Ciertamente la fidelidad de unos y el dolor de otros nos ayudará a ser más humanos, más comprensivos, más humildes, ante los hombres y ante Dios.
- ¿Soy capaz de acoger como don la vida que Dios me ofrece cada día?
- ¿En qué medida escucho la voz de Dios que me habla desde los necesitados?
- ¿Siento la llamada a ser para otros sembrador de la buena noticia que yo mismo recibo?

04 julio 2020

Domingo XIV del tiempo Ordinario – 05/07/2020

¿Cuándo es Jesús humilde? En el evangelio no hay reconocimiento de la culpa en su boca, ni cuando habla con los hombres, ni cuando habla con el Padre. Él, puede hasta decir dirigiéndose hacia sus adversarios ¿Quién de vosotros puede probar que soy un pecador? Se proclama el maestro y el señor. ¿Dónde está pues la humildad de Jesús?

1.    La humildad no consiste principalmente en ser pequeño o pobre, porque uno puede ser insignificante y al mismo tiempo arrogante.
2.    No consiste en sentirse pequeño y sin valor, esto puede ser un complejo de inferioridad o de una imagen de sí mismo depresiva.
3.    No consiste en declararse pequeño, porque muchos expresan no valer nada sin creerse verdaderamente lo que dicen.

¿Qué es la humildad? Hacerse pequeño para amar y para servir, y para agrandar a los demás, así ha sido la humildad de Jesús.

Humilde es sólo Dios, porque en la posición en la que está, no puede encumbrarse por encima de sí, solo puede abajarse. Esto lo hace durante todo el tiempo, crea el mundo, se abaja, la historia de la salvación es la historia del descendimiento y de las humillaciones de Dios.

Esta idea le gustaba a san Francisco de Asís, quien solía exclamar “mirad, hermanos la humildad de Dios”, y vuelto hacia Dios decía: “Tú eres la humildad”.

La humildad es la verdad: la palabra hombre está relacionada con la palabra humildad. Las dos provienen del latín “humus” esto es suelo. El humilde es aquel que tiene los pies en la tierra, que no se engrandece por las alabanzas propias o de los demás. San Pablo dice a los Corintios: ¿Qué tienes que no hallas recibido? Y si lo has recibido ¿de qué te glorías?

La humildad no es natural. No nos gusta. Se dice que más del 75% del cuerpo es agua, pues del mismo modo, más del 75% del espíritu humano es orgullo y vanidad.

¿Debemos rebajarnos, renunciar a hacernos valer, aspirar a grandes cosas? No. Un día Jesús dijo a sus discípulos, si uno quiere ser primero, sea el último y el servidor de todos. Y también dijo, el hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar la vida por muchos. Es lícito querer ser el primero y sobresalir en la vida, pero ese sobresalir sobre los demás ha de ser sirviéndolos y amándolos y ayudándoles a crecer.

Humildad no significa por tanto dejarse pisotear, no reaccionar ante las injusticias, el verdadero humilde sabe igualmente luchar por la verdad, porque el mismo es libre.

Pequeño en el evangelio de hoy, no significa lo contrario de inteligente, sino lo contrario de soberbio, el evangelio no condena la sabiduría sino el orgullo.

¿A quién nos acercamos, al orgulloso o a la persona discreta humilde capaz d escuchar y callar?

El orgullo estropea las cosas más bellas. La inteligencia y la belleza física sin la modestia pierden su fascinación y exponen a la persona al ridículo.

Un medio para crecer en la. Humildad, es aceptar la corrección de los demás sin deprimirnos, sin contraatacar, puesto que no se llega a ser humilde sin la humillación.

·       ¿Recordáis aquella historia que nos contó Jesús: la de un fariseo que estaba rezando con mucho orgullo? ¿Os acordáis de lo que le rezaba a Dios?: “Te doy gracias porque no soy como los demás” ...

·       ¿Y os acordáis de las palabras que dirigía a Dios aquel pobre pecador, que estaba al fondo del templo, con el corazón arrepentido?: “Ten misericordia de mí, porque soy un pecador” ...

·       ¿Qué enseñanzas sacaba Jesús con ese ejemplo?

A Jesús no le gusta el orgullo, ni la soberbia: hay gente que “se sobra”. Escuchad este pequeño cuento:

Había una vez un hombre que se dirigió a un sabio para que le diera consejos para la vida. Y empezó a hablar y hablar, con tantas explicaciones y tantas palabras, y tantos razonamientos, que el maestro terminó levantándose para ofrecerle una taza de café. Luego se lo fue sirviendo, llenando la taza con toda paz hasta el borde, de manera que el café comenzó a derramarse sobre el mantel, la mesa y el suelo. ¿Qué hace?, dijo el visitante. Miré usted – respondió el sabio-. Usted se parece a esta taza: está tan llena que no le cabe nada más. Tendrá que comenzar por vaciarse. Hasta entonces, yo no puedo darle ningún consejo, porque usted “se sobra” ...

• ¿Qué significa esta historia?
• ¿Quiénes son los “orgulloso” y quiénes son los “sencillos”?
• ¿Quiénes son los preferidos de Jesús?... (Los sencillos, los pobres, los necesitados. Jesús sabe que serán éstos los que reciban la Palabra sin sobrarse).
• Por eso, vamos a comparar esa historia con el evangelio, leyendo algunas de las frases más importantes: 

– “Bendito seas, Padre, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos” – “Bendito seas, porque se las has revelado a la gente sencilla”
– “Aprended de mí, que soy sencillo y humilde”

• ¿Cuándo nos comportamos así?

29 junio 2020

Domingo XIII del Tiempo Ordinario – 28/06/2020

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: … El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mi”

Estas son algunas de las palabras que leemos en el Evangelio de este domingo. La cruz es un acontecimiento, que ha llegado a ser un símbolo. Jesús la ha tomado sobre sus hombros y ha muerto en ella, la cruz, en el lenguaje cristiano, ha llegado a ser el símbolo del sufrimiento y dolor humano. “llevar la cruz” es sinónimo de padecer. En este sentido, la cruz es lo que nos pone en comunión o nos iguala a todos.

Si, todos llevamos nuestra cruz. Si, a veces, nos parece que solo las cosas nos van torcidas a nosotros, mientras que todos los demás gozan o se complacen, es solo porque conocemos nuestra cruz y no la de los demás. Somos nosotros como aquel enfermo, que se vuelve y se revuelve en la cama encontrándola incomoda, y en torno a si, fuera, ve otros lechos bien arreglados y allanados, e imagina que se debe estar bien en ellos. Mas, si por fin consigue cambiarse a ellos, comienza a sentir asimismo en ellos bien aquí un hueco, bien un nudo que le pincha o que le oprime.

Jesús no ha venido a la tierra para llevar la cruz. El, mas bien, nos ha dado a nosotros, el modo de llevarla. Le ha dado a la cruz un sentido y una esperanza: ha revelado donde ella conduce, si es llevada junto a el: a la resurrección y a la alegría.

Pero, ¿Cómo hacer comprender la palabra cruz a una sociedad como la nuestra, que a la cruz opone el placer a todos los niveles: que cree haber rescatado finalmente el placer, haberlo sustraído a la injusta sospecha y a la condena, que pesaban sobre el, que ensalza himnos al placer, como en el pasado se exaltaban los himnos a la cruz? ¿Una cultura del placer ha recibido hasta el apelativo de hedonista y de la que hasta, quien o mas o quien menos, todos formamos parte, aunque la condenemos de palabra?


Muchas incomprensiones entre la Iglesia y la cultura laica. Nosotros, al menos, podemos intentar concretar donde reside la verdad y descubrir que posiblemente hay un punto del que partir para un dialogo sereno entre la fe y la cultura sobre este tema. El punto común es la constatación de que en esta vida el placer y el dolor se siguen uno al otro con la misma regularidad con que al remontarse una ola en el mar le sigue una depresión y un vacío, que arrastra detrás al naufrago, que intenta alcanzar la orilla. El placer y el dolor están contenidos de modo enmarañado el uno en el otro.

El hombre busca desesperadamente separar a estos dos “hermanos” aislar el placer del dolor. A veces, se ilusiona de haberlo conseguido y en el gozo lo olvida todo y celebra su victoria. Pero, por poco tiempo. El dolor esta allí. No un dolor distinto, independiente, o dependiente de otra causa, sino precisamente el dolor que proviene del placer.

El mismo placer desordenado es el que retuerce contra nosotros y se nos transforma en sufrimiento. Y esto o improvisado o trágicamente o un poco a la vez, en cuanto que no dura por largo tiempo y engendra saciedad o aburrimiento. Es una lección, que nos llega de la crónica diaria, si la sabemos leer y entender.

La iglesia dice tener una respuesta que dar a esto y es el verdadero drama de la existencia humana. La explicación de esta. Desde el principio, ha habido una elección del hombre, hecha posible desde su libertad, que lo ha llevado a orientar exclusivamente la capacidad de la alegría, de la que había sido dotado para que aspirase a gozar del Bien infinito, que es Dios, hacia las cosas invisibles.

Dios ha permitido que al placer, escogido contra la ley de Dios y simbolizados en Adán y Eva, que gustan del fruto prohibido, le siguiese el dolor y la muerte, mas como un remedio que como un castigo. Y ello para que no sucediese, que siguiendo su egoísmo y su instinto el hombre se destruyese del todo y cada uno destruyese a su prójimo. Así, junto al placer vemos vincularse ya, como su sombra, el sufrimiento.

Cristo, finalmente ha destrozado esta cadena. El ‘por el gozo que se le proponía, soporto la cruz, sin miedo a la ignominia” (Heb 12,2). Hizo en suma, lo contrario de Adán y Eva y todo hombre. Resucitado de la muerte, el ha inaugurado un nuevo genero de placer, que no precede al dolor, como su causa sino que lo sigue como su fruto: el que encuentra en la cruz su fuente y la esperanza de no terminar ni siquiera con la muerte.

Y no solo el placer puramente espiritual sino todo el placer honesto, tras el placer, que sigue al sacrificio y lo que le precede o lo evita, existe la misma diferencia que entre una bonita vacación gozada tras la fatiga y después de haber pagado con anticipo el precio y una vacación vivida antes de haberla merecido con la sensación de que la cuenta esta aun sin pagar.

¿Que hacer por lo tanto? No se trata de irse en busca del sufrimiento, sino de aceptar con animo nuevo el que ya existe en nuestra vida. Nosotros podemos comportarnos con la cruz como la vela con el viento. Si ella lo recoge por la parte justa, el viento la hincha y la hace avanzar ligera a la barca sobre las olas, si, por el contrario, la vela se pone detrás, contra la corriente, el viento rompe el árbol, y lo echa todo a perder en el mar. Tomada bien, la cruz nos arrastra, tomada bien, nos deja para el arrastre.

No debemos malgastar el sufrimiento. El sufrimiento se desperdicia si hablamos de el todo el tiempo, sin necesidad o utilidad, lamentándonos de nuestros males con la primera persona que tengo cerca. Esto no es llevar la cruz, sino ponerla sobre los hombros de los demás. Deberíamos, mas bien, custodiar o guardar celosamente cualquier pequeño sufrimiento como un secreto entre nosotros y Dios, para que no pierda su perfume por ello.

Saber sufrir algo en silencio es una de las cosas que mas contribuyen a mantener la paz y la armonía entre las familias, en una pareja, o en una comunidad.

Como cristianos no debemos tener miedo al placer cuando este viene acompañado del cumplimiento del deber. Hay personas, que tienen miedo al placer. Les parece pecado, por abandonarse a el con alegría. El placer es de Dios y Dios no esta celoso de lo que ha creado. Aprendamos, a aceptar las alegrías, que existan en nuestra vida, y a agradecérselas a Dios, sin estar lamentándonos todo el tiempo por estas cruces. Finalmente saber alegrarse y gozar de las cosas buenas es el mejor modo de satisfacción y alegría da los demás.

¿Qué puedo hacer por tí?

Eliseo muestra la cercanía De Dios en forma de bondad, de bienes compartidos, de fertilidad para su pueblo.

El profeta es un testigo dispuesto siempre a hacer el bien a las personas que le rodean. Disponibilidad que es testimonio de su fe en Dios.

Muchas veces nuestros problemas, nuestra propia vida, nuestra fragilidad, hace que nos encerremos en nosotros mismos creyendo que nuestro problema personal es el único problema del mundo y de la humanidad.

Saliendo de nosotros mismos, podemos descubrir la solidaridad y la necesidad de ayudarnos mutuamente. La solidaridad en tiempos de angustia es siempre gratificante.

Muertos al pecado.

Los cristianos hablamos mucho del pecado, pero no lo entendemos. Pablo lo explica en término de muerte-vida. Si lo explicásemos como “negación de nosotros mismos”, con pecado nos negamos nuestra felicidad. El Cristiano es liberado por la muerte y la Resurrección de Jesucristo. Una vida de nuevas relaciones con Dios y con los demás.

La opción por el Reino.

La opción por Jesús y por sus medios de acción (la misericordia) así como sus objetivos (la justicia, el amor y La Paz), siempre traerán enemistad, ruptura... hacia los que trabajan con otros afanes y otros métodos. Es evidente que el planteamiento de Jesús y su reinado no utiliza los medios ni los métodos del poder y de la fuerza o la guerra.

La opción por Jesús y su reino está cargada de radicalidad y de prioridades: antes que la propia familia, las amistades y por supuesto las cosas (dinero, negocios, intereses...).

El mensajero, en su misión, tiene que llevar la propia cruz y parte De la Cruz de los demás porque forma parte de sus actividad misionera. Es una forma de testimonio y convicción.

23 junio 2020

Horario de verano

A partir del 24 de junio, los horarios de misa serán:

Misa diaria
8,30 de la mañana

Misa de sábado
20,00 de la tarde

Misa dominical
11,00 de la mañana

Para cualquier necesidad pueden contactar por correo electrónico parroco(a)parroquiaelcoronil.es o el número de teléfono de la parroquia

22 junio 2020

Domingo XII del Tiempo Ordinario – 21/06/2020

1. Cristo quiere liberarnos del miedo. El miedo es una condición existencial: acompaña desde la infancia hasta la tumba.

*El niño tiene miedo de muchas cosas: de ser abandonado, de la oscuridad, de quien le levanta la voz, de los monstruos, que los mayores excitan sus mente para sean buenos.

* El adolescente tiene miedo del otro sexo, de la timidez, de la inferioridad…

    * El adulto tiene miedo a la angustia del mundo, del futuro, advierte su vulnerabilidad en un mundo violento y enloquecido. A estos miedos se añaden los creados por el mismo progreso tecnológico: la contaminación, el Covid19…

¿Cuál es tu miedo? ¿Qué es el miedo? Es una manifestación de nuestro instinto de conservación. Es la reacción ante una amenaza transportada a nuestra vida, la respuesta a un peligro verdadero o presunto. Desde el peligro mayor de todos, que es la muerte, a los peligros concretos que amenazan nuestra tranquilidad o seguridad física o afectiva.

Se puede distinguir entre miedos agudos son creados por una situación de peligro extraordinario. Ejemplo si estoy a punto de ser atropellado por un coche o si hay un terremoto. Surgen de forma espontanea y sin aviso previo. Desaparecen cuando desaparece el peligro y dejan en nosotros un mal recuerdo.

Miedos crónicos, los que viven con nosotros desde nuestro nacimiento o desde la infancia, que llegan a ser parte de nuestro ser.

El miedo, incluso el crónico, no es un mal es si mismo. Frecuentemente, es la ocasión para dejar ver una Valentía y una fuerza insospechada. Llega a ser un verdadero mal, que consume y no deja vivir, cuando mas que un estimulo para reaccionar y un resorte para la acción llega a ser excusa para el desfallecimiento, algo que paraliza, cuando se transforma en ansia.

Jesús ha dado nombre a las ansias mas comunes del hombre: Que comemos, que bebemos, con que nos vestimos.

La ansia llega a ser la enfermedad del siglo y una de las causas principales de infarto. La ansia es el miedo irracional ante un objeto desconocido.

Jesús condena en el Evangelio el ansia “no os preocupéis por el mañana, el mañana se preocupara de si mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal” (Mt 6, 34)

2. Cuál es el remedio que ofrece el Evangelio para vencer nuestros miedos.

El remedio se resume en una palabra: la confianza en Dios, creer en la providencia y en el amor del Padre celestial. La verdadera raíz de todos los miedos del niño es esta abandonado. Y Jesús nos asegura precisamente esto: que no seremos abandonados.

San Pablo no enseña un método practico para vencer los miedos. En la carta a los Romanos, el pasa revista en cierto punto a los situaciones de peligro y las cosas, que han amenazado hundirse en la vida: ¿Quién nos separara del amor de Cristo? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hombre? (Rom 8, 35ss) Con cada una de estas palabras el ayude a un hecho real, que le ha sucedido. Mira, por lo tanto, todas estas cosas a la luz de la gran certeza que tiene de que Dios le ama.

Nosotros estamos invitados a hacer lo mismo. A mirar nuestra vida, presente y pasada, a tener a gala los miedos, que se nos arraigan, las tristezas , las amenas, los complejos, quizás tal aspecto físico o moral, que engrandecemos a fuerza de pensar en el y que nos impide aceptarnos y tener confianza en nosotros mismos, por lo tanto, a exponerlo todo a la luz de pensamiento de que Dios nos ama, tal como somos. Los miedos son como los fantasmas, tienen necesidad de oscuridad para actuar. Frecuentemente, basta darlos a conocer, darles un nombre, hablar de ellos, para que desaparezcan o se redimensionen.

San Pablo dice: ¿si Dios esta con nosotros, quien estará contra nosotros? (Rom 8, 31)

Jesús quiere liberarnos de los miedos y nos libera siempre. El sin embargo, no tiene un solo modo para hacerlo, tiene dos: o nos quita el miedo del Corazón o nos ayuda a vividlo de un modo nuevo, mas libremente, hacienda de ello ocasión de gracia para nosotros y para los demás. El mismo ha querido hacer la experiencia. En el huerto de los olivos, esta escrito: “comenzó a sentir pavor y angustia” y lo ha querido experimentar precisamente para redimir también este aspecto de la condición humana. Desde aquel día, el miedo, especialmente el de la muerte, vivido en unión con el, tiene el poder de levantarnos, mas que deprimirnos, hacer mas atentos a los demás y mas comprensivos, en una palabra mas, humanos.

18 junio 2020

Triduo al Sagrado Corazón de Jesús

Miércoles 17, jueves 18 y viernes 19 de junio

19:30 Exposición del Santísimo y Vísperas

20:00 misa





15 junio 2020

Celebración del Corpus 2020

«Pan divino y gracioso, sacrosanto manjar que da sustento al alma mia»

«El Pan que estas mirando... es Dios que en ti reparte gracia y vida, y pues que tal comida te mejora, no dudes de comerla desde ahora»
Francisco Guerrero, Siglo XVI, sacerdote y músico sevillano

Mil gracias y muchas felicidades a toda la comunidad parroquial por el precioso día del Corpus que hemos vivido.

Las siete horas de adoración por turnos, ha sido una oportunidad de reconocer y afirmar públicamente la presencia real del Señor en el Sacramento del Altar.

Un abrazo a todos.

Homilía Domingo del Corpus

La Eucaristía es un misterio de comunión. Nosotros conocemos distintos tipos de comunión. La de entre los esposos que forman una sola carne, la comunión entre la madre y el hijo que lleva en su seno. Pero, en ninguno de estos casos la comunión alcanza su fondo, porque cada uno permanece siendo sí mismo separado de los otros y no hay fusión.

La comunión más profunda es la que hay o se da entre nosotros y la comida que comemos, porque ella llega a ser carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre.

He escuchado de algunas madres decirle a su criatura, mientras le apretaban al pecho y la besaban: “¡Te quiero tanto que te comería!”.

Eso es lo que sucede en la comunión eucarística, la comida no es una simple cosa sino que es una persona, que vive.

Busquemos lo que sucede con la naturaleza en el ámbito de la nutrición, es el principio vital más fuerte aquel que asimila el menos fuerte.

Por ejemplo, el vegetal es la que asimila el mineral. El animal es el que asimila al vegetal. Cuando esta ley viene trasladada a nuestra relación con Cristo, ¿qué sucede? Igualmente es el principio vital más fuerte el que asimila al menos fuerte. En otras palabras es Cristo quien nos asimila así mismo.

Esto es nosotros nos transformamos en Él. Un famoso materialista ateo ha dicho “el hombre es lo que come”, sin saberlo ha dado una óptima definición de la eucaristía. Gracias a ella, el hombre llega a ser lo que come, el cuerpo de Cristo.

Pablo nos ha dicho que el cáliz es comunión con la sangre de Cristo y el pan es comunión con el cuerpo de Cristo. ¿Qué significan las palabras cuerpo y sangre?

Para nosotros occidentales herederos de la cultura griega, el cuerpo no es más que una tercera parte del hombre, el cual unido al alma y a la inteligencia, forman el hombre completo. La sangre es simplemente una parte del hombre.

Para Jesús no es así, cuerpo implica a todo el hombre en cuanto vive en una dimensión corporal: alegría, esperanzas, fatigas y sudores. La sangre, es la sede de la vida. El derramamiento de la sangre es signo figurativo de la muerte. Jesús desde su concepción hasta el último instante dándonos su cuerpo, nos ha dado su vida, dándonos su sangre nos ha dado su muerte. He aquí ¿qué significa comulgar? Entrar en contacto con la vida de Jesús y con su muerte. Si nosotros los cristianos descubriéramos qué tenemos en la eucaristía, decía un ateo: “si yo pudiera creer que en aquella Hostia consagrada está en verdad Dios, como decís vosotros, creo que caería de rodillas y no me levantaría jamás”.

Un canto eucarístico tiene un estribillo que dice “Dios nos ha puesto su cuerpo entre las manos”, nosotros ¿qué hacemos con el cuerpo de Cristo? Hoy es habitual acercarse a recibir la comunión, es una cosa útil, esto no debería llevarnos a vulgarizar la eucaristía, como si fuese un pan ordinario.

El cuerpo de Cristo, la palabra Cuerpo de Cristo, no sólo indica el cuerpo nacido de María, sino que se refiere a la Iglesia, ¿qué quiere decir esto? Que la comunión es siempre comunión entre nosotros. Comiendo todos de la única comida, formamos un sólo cuerpo.

¿Cuál es la consecuencia? Que no podemos hacer verdadera comunión con Cristo, si estamos divididos entre nosotros, si nos odiamos, si no estamos dispuestos a reconciliarnos.

No basta con no tener rencor, la eucaristía nos enseña ha hacer algo mucho más grande, a dar nosotros también el cuerpo y la sangre por los hermanos.

Piensa en las personas que te han sido confiadas, todos podemos decir con Jesús “tomad y comed, porque esto es mi cuerpo”, mi vida, mi tiempo, mis energías, mis fatigas, sufrimientos...

De esta forma la eucaristía es pan partido y regalo de los unos para los otros. Es un abrirse al otro y acogerlo.

11 junio 2020

Primeras Comuniones 2020

Habitualmente los niños tras superar el itinerario catequético recibían por primera vez el Sacramento de la Eucaristía en torno al mes de mayo. Debido a las circunstancias excepcionales que vivimos, la autoridad eclesiástica decidió posponer estas celebraciones.
En nuestra parroquia las Primeras Comuniones este año tendrán lugar:

Sábado 4 de julio a las 21,00 horas
Domingo 13 de septiembre a las 12,30 horas

07 junio 2020

Santísima Trinidad

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos vosotros.

1.- Éste es el saludo que San Pablo dirige a los cristianos de Corinto en la segunda lectura de la fiesta de la Santísima Trinidad. Se trata de un saludo trinitario; en efecto, en él vienen mencionados las tres divinas personas: el Padre (Dios), el Hijo (Jesucristo) y el Espíritu Santo.

La vida cristiana se desarrolla toda ella con el signo y con la presencia de la Trinidad: bautismo (inicio), unción de los enfermos – encomienda del alma (final), matrimonio, orden sacerdotal...


¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que Dios existe para añadirnos también que él es “uno y trino”?

Los cristianos creen que Dios es trino, porque creen que Dios es amor
. Es la revelación de Dios como amor, hecha por Jesucristo, la que nos obliga a admitir la Trinidad.

Dios es amor, ahora bien, es claro que si es amor se debe amar a alguien. No hay un amor sobre el vacío o no dirigido a alguien. Entonces nos preguntamos: ¿a quién ama Dios para ser definido amor? Una primera respuesta podría ser: ama a los hombres. Pero, los hombres sabemos que existen desde hace millones de años, no más. Antes de entonces, ¿A quién amaba Dios, desde el momento en que es definido amor? En efecto, no puede haber comenzado a ser amor en un cierto momento del tiempo, porque Dios no puede cambiar.

Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero, el universo existe desde hace algunos millones de años. Y, antes, ¿a quién amaba dios para definirse amor? No podemos decir que se amaba a sí mismo, porque amarse a sí mismo no es amor, sino egoísmo o como dicen los pscólogos, narcisismo.

He aquí la respuesta de la revelación cristiana, que ha recogido y explicado la Iglesia. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo a un Hijo, el Verbo, al que ama con amor infinito, y esto es el Espíritu Santo. En cada amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une.

El Dios cristiano es uno y trino porque es comunión de amor. En el amor, unidad y pluridad se concilian entre sí, el amor crea la unidad en la diversidad: unidad de intenciones, de pensamientos, de quereres y diversidad de sujetos, de características y, en el ámbito humano, de sexo.

La teología se ha servido del término naturaleza para indicar la unidad de Dios y del término persona para indicar la distinción. Por eso, decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana sobre la Trinidad no es un retorno, un compromiso entre monoteísmo y politeísmo. Es, al contrario, un paso adelante, que solo Dios mismo podría hacer entender a la mente humana.

Por lo demás, esto nos ayuda a aclarar la contradicción profunda del moderno ateísmo. Según Marx y en general todos los ateos modernos, Dios no sería mas que una proyección del hombre. Dios no habría creado al hombre a su imagen sino que el hombre habría creado a Dios a su imagen. En otras palabras, detrás del término Dios no habría mas que a idea que el hombre se hace de sí mismo, como uno que se cambia por una persona distinta con la propia imagen reflejada sobre un arroyo o sobre el agua.

Todo esto puede ser verdad en comparación con cada Dios, pero no del Dios cristiano. ¿Qué necesidad habría tenido el hombre de dividirse a sí mismo en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, si verdaderamente Dios no es más que la proyección que le hombre se hace de sí mismo? La doctrina de la Trinidad es, por sí sola, el mejor antídoto al ateísmo moderno.

Puede que no se entienda nada de lo anterior. Cuando nos encontramos en la orilla de un lago o de un mar y queremos saber qué hay en la otra orilla, lo más importante no es agudizar la vista y buscar escrutar el horizonte sino subir en una barca, que os lleve a la otra orilla. En las comparaciones con la Trinidad, lo más importante no es especular en el misterio sino permanecer en la fe de la Iglesia, que es la barca, que nos lleva a la Trinidad.

2.- La Trinidad es el modelo de cada comunidad humana, de la mas sencilla y elemental, que es la familia, hasta de la Iglesia universal. Y veamos precisamente qué puede aprender una familia del modelo trinitario. Si leemos con atención al Nuevo Testamento, en donde la Trinidad se ha revelado, notamos una especie de regla o norma. Cada uno de las tres personas divinas no habla de sí sino que habla de la otra; no llama la atención sobre sí misma sino sobre la otra.

Cada vez que Dios Padre habla en el Evangelio es siempre revelar algo del Hijo: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”

Jesús, a su vez, no hace más que hablar del Padre.

El Espíritu Santo, cuando viene al corazón de un creyente, no comienza por proclamar su nombre. Nos enseña a decir Abba, que es el mismo nombre del Padre y a decir Maranatha, que es una invocación dirigida a Cristo, y que quiere decir: “Ven Señor, Jesús”

Intentad pensad qué produciría este estílo si estuviera transladado a la vida de una familia. El padre, que no se preocupara tanto en afirmar su autoridad, cuanto la de la madre. La madre, que, antes aún de enseñar al niño a decir mama, le enseña a decir papa. ¡es la ley del amor! María muestra haberlo asimilado a la perfección. Dirigiéndose a Jesús, después de haberlo encontrado en el templo, le dice: “Mira tu padre y yo, angustiados, te andabamos buscando” pone la angustia del padre antes que la suya.

Esto parece una cosa de nada, y por el contrario, ¡cuántas cosas cambiarían si este estilo fuera imitado en nuestras familias y comunidades! Estas llegarían a ser en verdad un reflejo de la Trinidad en la tierra y los lugares donde la ley, que lo regula todo, es el amor. Pequeños paraísos en la tierra.

Hay un pequeño signo que nos acompaña a lo largo de toda la vida, es la señal de la cruz. Es un gesto, que realizamos trazando la cruz, recordando la pasión y muerte de Cristo, mientras que las palabras, que pronunciamos: “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Debemos descubrir la belleza y eficacia de este pequeño gesto. Cada vez que hacemos una hermosa señal de la cruz, con calma y dignidad, invocamos su protección sobre nosotros contra los enemigos interiores y exteriores y revivimos nuestra fe. Milagros han acaecido con la simple señal de la cruz.